[tú fuiste lo peor de mi vida]

Era el otoño de 1999. Los otoños cobrizos habían cambiado de dirección, cuando provenían de los vientos del Este y el sol de la tarde moría pronto, como cada otoño, iluminando las hojas de los árboles dorados por el sol, de mi casa en Tijuana México, donde viví mi infancia y parte de mi adolescencia.

Había comenzado el bachillerato en el colegio de Bachilleres, relativamente cerca de mi casa, por lo que mi círculo social fue reducido y casi menospreciado, pues, no tenía ninguna expectativa social, mi curiosidad lindaba entre la computadora y la televisión, intermitente, se gestaba dentro de mí un anhelo de ser escritor desde entonces, sin éxito alguno. Vestía un pantalón negro, unos tenis converse blanco y negro, una sudadera de gorro negra, debajo de ella una camisa blanca, solía usar lentes desde entonces e iniciaba con mi tratamiento de ortodoncia, para ahorrar unos pesos en ese entonces, mi madre solía cortarme el cabello, el cual quedaba disparejo que trataba de ocultar poniéndome el gorro de mi sudadera. Mi desempeño académico fue notorio, por mi facilidad estratégica y rutinaria. A veces deseaba cubrir mis prendas anticuadas por algunas modernas que anhelaba, después de pedirle dinero a mis padres para comprarlas, sin cuestionar mucho, me lo daban, entonces me duchaba, vestía un suéter negro con el dibujo de una pantera y un pantalón estilo deportivo también negro con rayas blancas a los costados. Iba a comprarlo y volvía feliz de adquirirlo, aunque no fuera precisamente lo más elegante, lo más moderno o el mejor estilo, pero era mi única idea de moda en ese entonces. Una prenda nueva me haría sentir menos inseguro, me haría parecer más guapo, aunque me faltara carisma, identidad, vocabulario o tan siquiera un ápice de voluntad. 



Llegó el invierno de 1999. Yo era un idiota. Era yo un ingenuo. Un romántico, bohemio, fanático de Queen, de José Agustín, de Christopher Marlowe. Devoraba más libros que comida, era más tímido que un ratón y más cobarde. Ese invierno me correspondía realizar un ensayo literario sobre la obra de Oscar Wilde, así que acudí algunos días a elaborar una notas a la biblioteca del colegio. Y ahí estaba ella, con su barbilla sostenida sobre un libro grueso sin abrir, mirando por la ventana a los chicos que jugaban baloncesto enfrente de la biblioteca, su cabello entre tono amarillo, verde y rojo, como bandera Camerunés, lo que me provocó risa apenas perceptible y volteé mi rostro lejos de su rebelde cabello que me fascinaba. 
-¿De qué te ríes? - Escuché una voz detrás de mí. 
-Hey, ¿De qué te ríes? - Se volvió a escuchar, su voz era dulzura hipnótica, como el canto de las sirenas, que seducían a los navegantes para dormirlos en altamar. 
Miré su cara, sus ojos penetrando en mis pupilas, se había echado el cabello hacia atrás para mirarme mejor, pude ver que sus labios masticaban chicle, y que se había cubierto de carmín color cereza. Delineaba el contorno de sus ojos color miel, lo que resaltaba aún más por el color de su tez blanca y perfecta. Me quedé impávido, sin saber que decir o que hacer, entonces, me sentía debilitarme ante cualquier palabra o mirada de alguna mujer, esa vez no fue la excepción, me sentí tan idiota, hasta que sin pensar lo que estaba a punto de decir...
-¿Yo? De tu cabello, pienso que parece una bandera Camerunés.-
Hubo un largo silencio, quizá a mí me pareció mucho tiempo, ella rascó la punta de su nariz, y después, soltó una carcajada lo que provocó que el Bibliotecario nos sacara.
-¿Qué hacías ahí dentro? -Ella preguntó. No me dejó responder y me dijo que si la acompañaba a su casa. Estaba cerca, según había comentado. Acepté. Porque sentía que era mi momento, que al fin alguien me notaba entre tantas personas, quizá, en realidad no era tan feo, quizá después de todo tenía carisma, era un chico simpático, así me sentía, así lo creía.


En su casa no había nadie. Dejé mis libros sobre una mesita y fuimos a su habitación. Mi conmoción estaba en la frontera del miedo y el asombro. Como si mezclara esas dos sensaciones. La vi inhalar cocaína. Meterse pastas. Beber alcohol como marinero. Y sobre todo fumar, era lo más inocente que hacía con su boca y sus manos. Yo me empecé a obsesionar con ella, en un estúpido intento por llamarlo amor, o la única afición que iba a tener por una mujer que guiñó su ojo para seducirse torpemente. Sería la única mujer que tuve en mucho tiempo, aunque en realidad nunca fue mía.

Empecé a estar más tiempo en su habitación que en clases y como era evidente, mis notas empezaron a bajar, mientras mi entusiasmo por ella se incrementaba como un estúpido. Me empezó a llenar el morbo de probar el alcohol, de meterme pastas, de probar su tabaco, su vino, todas sus porquerías que tanto amaba, sólo por complacerla, por creer en mi ingenuidad que autodestruyéndome ella se enamoraría de mí. Imbécil. Mi comportamiento en casa también sufrió cambios, yo sólo pensaba en ella, pero ella no pensaba en mí. Cuando estaba con ella, solamente la escuchaba, ella hablaba y hablaba, yo como espectador estudiaba su monólogo sin perder ningún detalle. Bebía. Fumaba. Y entre esos intervalos yo decía alguna cosa que había leído en algún lugar para parecer inteligente y gustarle. Pero ella se carcajeaba y se tiraba a la cama. Yo me acostaba a un lado de ella, continuaba platicando, hasta que nos quedábamos dormidos, uno al lado del otro, yo con su aroma de alquitrán y alcohol. Todas las veces desde que estuve con ella en casa, no llegué a ver a sus padres, hermanos, primos, ningún pariente, solo vecinos que me veían con repulsión cuando salía de su casa bastante noche o por la madrugada. En el colegio se comenzó a correr el rumor. Creí que sería buena idea si se esparcía el rumor de ella y yo. Ya no pensarían que yo era homosexual. A veces nos citábamos en la biblioteca, pero no estudiábamos. Luego íbamos a su casa a hacer cosas diferentes en el mismo lugar, ella siempre tenía ideas para matar el tiempo, eso me fascinaba de ella.

Llegó un día que después de meterse tanta pasta, estaba tan feliz, sonreía, acercaba su rostro a mi rostro, rodeaba con su mano mi mejilla y me daba besitos en la mejilla, para ese entonces mi rendimiento escolar se había nulificado, la situación con mi familia era frívola, en cambio, con ella parecía tener la riqueza, toda la riqueza mundial en su presencia. Ella fue por unas cervezas, yo me sentía tan nervioso que bebí con ella, solamente se acercó a mí, sonrío y siguió hablando de cosas que en este momento ya no recuerdo. Pero recuerdo que me fascinaba escucharla. Al cabo de unos minutos, terminamos unas cervezas, ella se metió algo de pasta, entonces dijo la palabra mágica, que haría someterme a ella.
-Te amo.
Rodeo sus brazos en mi cuello y me besó. Su boca tenía un sabor amargoso, como whisky, como a ceniza, sus labios fríos y su lengua caliente me intoxicaron. Ya nunca volví a ser yo mismo, era lo que ella quería que fuera. Metió sus manos debajo de mi camisa, dijo muchas cosas románticas, que nunca decía, estaba muy seria, no le gustaba la seriedad, pero esa vez dijo, que era una ocasión que debería tomarse así. Yo sonreí, asentí con la cabeza y dejé que me recorriera con sus labios. 

-Nos vemos en la biblioteca el lunes.- Dijo ella y se despidió con un beso en la boca.
-Si- Respondí. Era viernes por la noche. Y me despedí sonriendo. Mientras caminaba rumbo a mi casa, pensando en ella.

Tengo novia. Pensé. Fue el último pensamiento inocente que pronuncié.

Llegó el lunes y nunca la volví a ver en la escuela. No llegó a la biblioteca donde nos habíamos citado, ninguno de sus maestros sabían de ella, en cambio, todos los maestros sabían que algo andaba mal en mí, a punto de repetir semestre y sin pagar colegiatura. Recogí mis cosas y traté de buscarla en su casa, donde pasaba las tardes con ella. Había mucho silencio. Llamé a su puerta y no respondió. -Estaba dormida de ebria- Pensé. En mi ingenuidad. Después de varios minutos de insistir, un tipo alto y moreno, sin camisa, salió del fondo y preguntó quién era y que quería, solo respondí que era de la escuela, él dijo que ella ya no volvería a la escuela, que estaba indispuesta en ese momento. Que mejor volviera otro día. Algo dentro de mí se quebró para siempre, se quedó en el pavimento un pedazo de mí, que ella pisoteo más de tres veces esa misma semana. Ese día quise llorar como nunca, si, llorar.


Esa misma semana, la encontré afuera del colegio, había cambiado su cabello que parecía una bandera de Camerún, por uno homogéneo, color naranja, ahora me acerqué a ella para decirle que su cabello era cultivo para conejos. Pero no le acusó gracia y apenas me miró, pude notar que había aplicado mucho maquillaje para cubrir golpes en su cara, y como un perfecto imbécil, ni siquiera pregunté si estaba bien. Aunque ella optaba siempre por ignorarme cuando estaba cerca o evadirme cuando podía, yo, estaba destruido por dentro, me mataba día con día. Pero buscaba la insinuación constante para acercarme a ella. Una ocasión la esperé detrás de algún salón y cuando ella pasó la tomé del brazo para que me mirara, le sonreía, como aquella vez en su casa que me besó por primera vez, ella se deshizo de mí, con una frialdad que hería, no parecía ella. ¿Qué le hicieron? ¿Quién se llevó su alegría? 
-Me matas. -Recuerdo que le dije en voz, muy pero muy baja.
Ella siguió caminando sin mirar atrás, y yo me quedé perplejo, casi sediento a sus pies, suplicando por su amor. Me quedaba sin ideas. Algo había cambiado en ella, tan pronto, que me desconocía. Que yo desconocía de ella. Apenas regresaba a sus clases, me paseaba por su salón para ver si hacía el mínimo contacto con ella y que volviera a ser para mí. En mis vanos intentos por llamar su atención, los maestros se acercaban a mí para que desistiera, pero yo estaba convencido de no rendirme, quizá fue mi primera obsesión y la más trascendente de mi vida. Ella tenía ventaja sobre mí. Siempre tuvo más influencia en mi vida, durante meses, incluso años después. 

La última vez que ella se acercó a mí, fue para entregarme una carta escrita por ella, un día de repente, después de perder las ilusiones y las esperanzas por todo, al no saber de ella, entro a mi última clase, dentro de mi cuaderno, se observa una hoja doblada que sobresale, la miro y aunque no conozco su letra, veo que es firmada por ella al final de la página, la alegría que me produjo su carta, contrastó con el sentimiento demoledor que dejó en mí después de leer sus breves líneas dedicadas a mí, casi 20 años han pasado desde entonces, y recuerdo letra por letra, el aroma de la hoja que escribió para mí, era como el aroma de su cuello un poco dulce:

Tijuana Baja California (no recuerdo la fecha exacta)
No recuerdo cuando ni como te conocí, tampoco lo que te dije, ni porque lo dije, me dijeron que fuiste a mi casa, no quiero que vayas, has sido el más grande problema estos meses. Sé que estás obsesionado conmigo, pero se te pasará. Te recuerdo muy poco. Sinceramente la droga me hace hacer locuras, que ni te imaginas. Sigue con tu vida. Deja la mía en paz.

Alondra X


Ahí terminó el más trágico amor de mi vida. Y cómo ella en pocos meses mató todo lo que había en mí. Y ella fue la que hizo imposible renacer totalmente, todavía espero pedazos que puedan reintegrarse a mi pecho. Estúpidamente, a veces la espero a ella. Creo que la nota que me dejó por último, sólo fue un montón de justificaciones para el desastre que era su vida y quería recuperarla, así como fue mi vida después de ella, y como me recuperé, y como actualmente todo es un pretexto, porque no soporto su recuerdo cada vez un poco más difuso. 

Pero que me mantiene vacío y sin ninguna emoción.



Tardé casi una década en entender que cuando ella estaba drogada, simplemente era otra persona, igualmente, entendí después que era aficionada a mentir, el alcohol le daba entusiasmo y su sexualidad desequilibrada era el yugo que dominaba. También tardé más de una década en comprender mi ingenuidad y el daño que la candidez hizo en mí, cuando más necesitaba fortaleza, entusiasmo y seguridad. Ella mató todo lo bueno que había en mí, porque después de mi regeneración, recobré mi vida, mi seguridad, mi entusiasmo, mi nobleza, a pesar de todo, me reintegré a mis clases aunque perdí la beca, me gradué, cuando ingresé a la Universidad, ella aún estaba muy presente en mi vida, que estuvo a punto de no dejarme avanzar y recurrí a terapia por dos años. Al día de hoy, aún recuerdo sus ojos, su boca fascinante, su voz hipnótica y esa sexualidad que despertó en mí, que ella utilizó a su antojo. Recuerdo perfectamente su nombre. El tatuaje que me hice con su nombre casi dos años después del incidente, seguí recordando su cara durante años pero nunca la volví a ver, siempre espero que aparezca de repente, y me explique cosas que están incompletas en mí, quizá al entenderlas mejor, lo que está muerto en mí, tenga esperanza de volver a florecer. Entonces, solamente entonces, ella no será lo peor de mi vida.



[seis canciones para mi funeral]

6. You've got a friend - Carole King
En 1971 se lanzó esta canción, originalmente para James Taylor pero ese mismo año Carole King lanzó su propia versión incluido en su álbum "Trapestry" alcanzando los primeros lugares de las listas de Bilboard y altos puestos en las listas de popularidad de Reino Unido. Esta canción aunque no es un himno a la muerte si es un himno a la ausencia, yo la interpreto como la amistad que se acaba, el amigo que se pierde, una despedida en tono propio. Basada en una armonía suave y evocadora, que se funde en el fondo mientras que en primer plano una voz potente y armónica nos canta:

"winter, spring, summer or fall, 
all you have to do is call, 
i'll be there, you've got a friend". 


En esta insuperable versión de Carole King que hará partir el alma cada que la escuches y recuerdes a ese amigo ausente.
"When people can be so cold
They'll hurt you and desert you
And take your soul if you let them
Oh, but don't you let them".

5. One year of Love - Queen
Canción escrita por Jean Deacon e interpretada por Freddie Mercury incluida en el álbum número doce de la banda británica Queen "A kind of magic" de 1986 fue incluida también en el Soundtrack para la película Highlander. Aunque la canción habla de sentimientos de amor, puede también encontrarse con simbolismos divinos, implorando un soporte o una redención en la etapa final de la vida, desde ambos puntos de vista, la canción aborda la redención y el amor, las notas magistrales se componen gracias a una emotividad que destaca por la despedida, un anuncio de librarse de la vida, anticipándose a la muerte o bien decidiendo quitarse la vida sobre todo por esta frase:

"there's so much left unspoken, 
and all i can do is surrender, 
to the moment, just surrender" 
Mucho que aún no se ha dicho, pero queda la redención, es el momento de la redención, palabras finales y potentes para inscribirse en mi lápida, junto con aquellas que quizá llevan dedicatoria a quien desde su tumba le importé más que a nadie en el mundo: 
"I'm cold but you light the fire in me" 
¿Quién no implora redención en el momento final de su vida? por eso es la canción perfecta para mi funeral y la más triste de todas, los arreglos orquestales de fondo la vuelven más desgarradora con la potencia en la voz de Freddie Mercury. Todo un himno al dolor, al amor, a la redención, a la muerte y a los últimos instantes de lo que quede de vida.


4. Bury me not on the lone praire - Johnny Cash
Canción basada en un canto de marineros, fue lanzada con algunos cambios en los versos originales, en 1994 por Johnny Cash conocida también como "El lamento del Vaquero" La letra inicia: 

"Oh, bury me not on the lone prairie, 
These words came low and mournfully, 
from the pallids lips of a youth who lay" 
¿Quién desea ser enterrado en una pradera desolada? sin duda la mejor canción para ser cantada en funeral, el estilo country de la misma nos lleva a desérticos paisajes, la profunda voz de Johnny Cash con solemnidad le canta a la muerte y despide a la vida, en un hermoso verso que resume: 
"I've always wished to be laid when i died, 
in a little churchyard on the green hillside, 
by my father's grave, there let me be, 
O bury me not on the lone prairie". 
Un precioso viaje final al destino de un trayecto sin ningún sentido que suele ser llamado vida. Porque no quiero que me entierren en una pradera solitaria, tráiganme de nuevo a mi tierra, entiérrenme en mi pueblo con mi gente, aunque esa gente me haya abandonado y mi familia no me quiera cerca de su tumba, quizá mi padre si, pero yo no lo quiero cerca de mí, no completamente.


3. Take me away - Blue Oyster cult
Incluida en el disco "The revolution by Night" de 1983 del grupo de California de Hard Rock. Única canción de la lista con un estilo más psicodélico, la letra habla acerca de la muerte, del deseo de rendirse, de poner todas las esperanzas al cielo, los recuerdos se irán y antes que eso suceda, quiero que me lleves. No por ello debe quedar fuera del conteo. Para mí, una canción menos formal que cumple mi exigencia, pues es un adiós, una preparación a dejar la vida, compuesta por Eric Bloom y Aldo Nova integrantes de la banda, que en su verso final de la canción dicen:

I turn my hopes up to the sky
I'd like to know before I die
Memories will slowly fade
I lift my eyes and say
Come on, take me away
Si eso no es la despedida de alguien que muere o que desea la muerte, no sé que más puede ser. Blue Oyster Cult es de mis grupos predilectos, por lo tanto incluir una canción en el conteo que no fuera la popular "The Reaper", sobre los excesos y la invitación a la muerte. Pondré todas mis esperanzas al cielo, como dice la canción, si en ese momento antes de mi muerte, me queda alguna esperanza.


2. Who'll stop the rain - Creedance Clearwater revival
En 1970 la banda de rock Creedance Clearwater Revival lanzó su álbum, "Cosmos Factory" que incluía "Who'll stop the rain" escrita originalmente por John Fogerty contra la Guerra de Vietnam, la canción surge del testimonio de Josh, el hijo de Fogerty: 

"Certainly, I was talking about Washington, when I wrote the song, but I remember bringing the master version of the song home and playing it. My son Josh was four years old at the time, and after he heard it, he said, 'Daddy stop the rain'. And my wife and I looked at each other and said, 'Well, not quite'."
¿Quién detendrá la lluvia? Me pregunto mientras escucho, según la revista Rolling Stone, una de las 500 mejores canciones de todos los tiempos.
Still the rain kept pourin’, fallin’ on my ears.
And i wonder, still i wonder who’ll stop the rain.

Aunque hoy no es tiempo de guerra, mañana no sabremos si lo será, explica muy bien en sus versos. Esa lluvia con mucho simbolismo, que resulta de la experiencia de Fogerty con el festival de Woodstock y la generación Boomer. Al final, explica la razón de la lluvia interminable, con la guitarra que también suena en un denuendo meguante que va desapareciendo junto con la canción.

The half-minute-long fadeout of the song, which reprises the repeating guitar pattern from the intro, seems to reinforce the song's main theme of the 'rain' continuing to go on, interminably.


1. I'll do anything for love (But i won't do that)
La canción fue escrita por Jim Steinmman quien ha trabajo con Bonnie Tyler y Celine Dion. Fue lanzada en 1993 en el álbum "Bat Out of Hell II: Back into Hell" del cantante Meat Loaf. Ocupando los primeros lugares en más de 49 países lo que le hizo acreedor a un Grammy.

Some days it don't come easy, and some days it don't come hard
Some days it don't come at all, and these are the days that never end Some nights you're breathing fire and some nights you're carved in ice Some nights you're like nothing I've ever seen before or will again
Si, la canción habla acerca de los actos de amor... pero, es una canción con una tristeza y rabia que se yuxtapone entre las aparentes líneas de dulzura romántica. Esta podría ser el paréntesis, pues simboliza todo lo que un hombre haría y no haría por amor, y puedo hacer referencia a un amor universal, no puramente romántico. La potente voz de Meat Loaf, guitarras que se distorsionan, un intro larguísimo orquestal y sinfónico que inicia con fuerza, dotando a la melodía de coros operísticos, balada, rock sinfónico y un piano en interludios que pasa por diversas etapa, una canción que podría dividirse en actos, coindiciendo que el video (dirigido por Michael Bay) posee una estética teatral, entre la Bella y la Bestia y El Fantasma de la Ópera.
Maybe I'm lonely and that's all
I'm qualified to be There's just one and only, the one and only promise I can keep As long as the wheels are turning, as long as the fires are burning As long as your prayers are coming true, you better believe it
¿Porqué es para mí, una canción ideal para mi funeral?
Simplemente por que a veces he querido darlo todo por amor, pero al final no he hecho nada por nadie, ni por mí. Así que sería mi recordatorio y mi lamento, al morir solo y olvidado, repitiendo: "But i won't do that".
Las 9 teorías de Meat Loaf

[el hombre de Adapa]

 El cuento de Adapa fue encontrado en los archivos de los reyes egipcios en Tell-el-Amarna, así como en la biblioteca del rey asirio Asshurbanipal. Aparentemente, era conocido universalmente en días antiguos. El tema principal, como el del Poema de Gilgamesh, es el hombre que lucha por una oportunidad para ganar la inmortalidad.



Y supongo que el apoyo debe ser uno de los alicientes más poderosos para impulsar el talento artístico.

Pero el talento no es importante en este mundo desvirtuado.

Y esto lo digo con un poco más de rabia, que de tristeza, desde hace tiempo que he perdido el aliento, ya no queda nadie que me apoye, ni siquiera tengo fe, tenía todas las expectativas impuestas en mí. Pero poco a poco todas esas expectativas han cedido al miedo, al constante fracaso, a la desesperanza, a la inseguridad de creer que realmente no soy bueno para escribir. De convencerme al decirme: "Estoy perdiendo la fe en ti".(1)





¿Cuál sentimiento despertará el ánimo que motiva? Yo nunca lo sabré, porque nunca he sido apoyado por nadie, recibo algunos elogios, algunos aplausos aislados, algunas muestras de afecto por lo que escribo y cierta empatía. Cuando tenía 17 años me imaginaba que a mi edad habría ganado todo premio existente en las letras y una joven promesa para el nobel de literatura, ahora creo que debo empezar a componer poesía en mi guitarra para poder ganar algo, pero muy lejos de aquellos elogios y simpatías sinceras, tampoco existe un apoyo legítimo, soy como ese vagabundo que cojea de un pie pero canta hermoso y es ovacionado de pie. 



Tal vez pronto muera esa última expectativa, de ser ovacionado de pie por una multitud, quizá pueda lograrlo de manera póstuma. Esa incertidumbre es la que mantiene mi espíritu animado, la posibilidad que exista.

Dos cosas aún me mantienen vivo. Mi novela inacabada, tengo la esperanza de terminarla, pero el día que logre concluirla, no tendré ninguna razón más para vivir. Posiblemente emerja dentro de mí, una nueva idea para comenzar a escribir, o definitivamente mi pasión habrá muerto al acabar mi novela. Tal vez que nunca termine mi novela sea lo mejor que me pueda pasar y el mismo tiempo lo peor que pueda pasarme. Y aquí mismo puedo incluir esa posibilidad de ser ovacionado o premiado.

Otra forma de mantenerme vivo. Quizá sea la única motivación actual. Aunque no sea cuestión de creencia, de razón, más bien es una motivación de corazón. Porque he llegado al extremo de creer en un aspecto menos científico y más humano, ella me hace más humano. Ella es mi existencia. ¿Porqué no muero de una vez? No tengo apoyo de nadie, nadie cree en mí, nadie pretende publicarme, nadie desea leerme, he tocado puertas sin éxito, he optado por concursos sin éxito, como buen nihilista que soy, sólo soy nada, una nada muy efusiva. Todo ha sido en vano hasta ahora y ¿qué sentido tiene la existencia si no puedo perpetuarme al menos en el tiempo? Aunque la existencia sea vacía y sin sentido, quiero intentar llenar ese vacío con mi escritura prodigiosa. 

Así es la nada.



[1] Por Esperanza me refiero a la esperanza en el sentido filosófico, y no en el aspecto religioso, como concepto de creencia de acuerdo a lo que expone Karl Jasper. Entiéndase como: Pensar el tema de la fe y su relación con la filosofía, surge no tanto de la atención su concepción religiosa, que en algún momento parece haber reclamado para sí el concepto, como de la que opone, excluyentemente, creer a pensar: se piensa o se cree, en la medida que hay creencia no hay pensar. No hay puntos medios ni mezclas posibles. Esta diferencia parece tomar testimonio desde el inicio de la filosofía occidental, ya desde Platón (por ejemplo en el sentido que ocupa en la República el concepto πίστις), hasta la época contemporánea. Sobretodo, claro, y refiriéndose a esa misma tradición ascético cristiana, Nietzsche. Pero incluso en el sentido común, cuando considera al ‘creer’, por un lado como el planteamiento de una mera opinión insegura, y por otro como el sostener un dogma fanáticamente, irreflexivamente, cuyos postulados se presentan como intocables (caso que por cierto no incumbe en ningún caso sólo a la religión). En este último sentido, podríamos entender a Heidegger cuando señala que ‘filosofía cristiana’ es un ‘hierro de madera’: en general un inexistente, un imposible, un franco malentendido. El concepto de fe filosófica,Una interpretación desde Karl Jaspers.


[mi estrella distante★]

No necesitas tener una perfecta anatomía.
Ni siquiera una desmedida ambición en comparación con la mía.
Sería mucho exigir si te pidiera que fueras un poco menos distante.
Tampoco necesitas quitarte los anteojos para admirar tus ojos, que yo tanto deseo.
No necesitas tener un esmerada y cuidada cortesía a mi favor.
Sería muy absurdo solicitarte algunos cambios, para mi complacencia.
Y muy injusto no reconocer que te alentaría sólo a ser mejor.
Porque no quiero que cambies. 
Anhelo alimentar tu emergente esplendor.
Sin que justifique el deslustro propio.
Tampoco necesitas un extravagante gusto musical.
No necesitas entender mi complejidad manifiesta.
Ni siquiera necesitas afeites, tu belleza natural excede cualquier aliño.
No es necesario que exhibas condescendencia, bondad excesiva o un valeroso ánimo contagioso.
Tu jovialidad es el fundamento a mi entusiasmo.
No necesitas establecer horarios para que me relates tus actividades o acostumbrarte en tus inactividades a escribir siempre.
No necesitas mucho menos impresionar.
Necesitas viajar, leer, estudiar, crecer, vivir y ser tu propia estrella.
No necesitas cambiar tus hábitos.
Me gusta los vicios que representas y las costumbres que apuestas en mi vida.
No necesitas ser erótica, te prefiero poética.
Ni necesitas el cielo, el mar o la naturaleza.
En ti se conjuga toda la creación metafísica.
No necesitas la poesía, la lírica te necesita.
Ni necesitas apropiarte de los colores, porque tus matices son más hermosos.
En realidad, no necesitas añadirte o quitarte cualidades, dejar vicios o adquirir hábitos, no necesitas epopeyas o heroísmos, ni necesitas la cotidianidad, necesitas cosas extraordinarias. 


No necesitas, en el costumbrismo cotidiano, ser cálida y brillante al estar cerca.

Porque aún distante resplandeces como el fuego:

Entre el calor y tus destellos.

[el buen samaritano]

"Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."

Palabras finales del párrafo acerca de "La parábola del hijo pródigo" que aunque es un texto bíblico, como la mayoría de nosotros criados en hogares con supremacía cristiana y católica desde la infancia hasta que en algún punto desconocido todo deja de ser guiado y se empieza a construir la creencia, se reduce la fe y se rechaza el dogma, como simple fragmento metafórico, se me viene a la mente justo ahora, que mi persistente manía de apegarme a lo que debiera dejar pasar. Y es que anteriormente, mucho antes que pudiera comprenderlo, citaron dicho párrafo para hacerse referencia a mí o a ella, la culpable de mi autoexilio, este que les escribe sin ninguna pretensión moral o religiosa, simplemente, enmarco un texto conocido en mi anécdota personal, que resulta muy característica y similar, podrán llegar religiosos de esa doctrina a justificar o explicar sus dogmas en alguien a quien no le interesa su contexto o filosofía, simplemente, quiero ejemplificar que en la vida real distanciado de lo divino, la incapacidad de algunas personas a dejar de sufrir, a permitirse vivir, a dejar vivir, a dejar de alentar el arrepentimiento a cambio de redención, prefiero una vida miserable, sin arrepentimientos hipócritas, la redención nunca es creíble para mí, arrepentirme de mi vida que puede parecer miserable, no lo es, siempre que mis propios medios sean destinados a mi anarquía, a mi adicción de escritura, a horas nocturnas que provocan ojeras y bostezos durante el día, destinar mis fuerzas físicas a malgastar mi lengua y mi mente en constantes elucubraciones de mierda, a la fantasía creíble de mi futuro postergado mientras mi presente es un caos, en un estricto sentido de la historia de "El hijo pródigo" yo no fui un buen samaritano, yo no fui el primogénito, yo fui el que estaba ahí siempre en silencio, el que bregaba por pertenecer sintiéndose tan ajeno a todo y todos, en mi capacidad fui un imbécil, en su visión fui incapaz.  Fui todo el mal sin ninguna causa. Maledicencia. Ignominia. Un bastardo. La escoria. El servil.


Ella que dilapidó juventud, tiempo, que hizo un caos de su pasado, que recogió cenizas y muchas juventudes para tirarlas con el demérito propuesto en su propia juventud. Abogó por los elixires de la vida, el anticuado soma que Huxley refería. Una vida de promiscua juventud, de facilidades emotivas, de locuras malditas, de felicidades discontinuas, provocadas, vomitadas y destrozando desdichas. Construyó su propia tragedia, su poesía caótica que disfrutaba, sin importar los lamentos o llantos que provocaba a su alrededor por su desorden temerario. Acumuló un tropel de descuido, acciones negativas, un sino torcido que la llevó a una agonía prematura por el consumo de elixires en demasía, una juventud casi terminada, pero recibió el perdón, como se recibe un regalo que sobra, como que no hace falta, como que se endilga a quien sea, sin ningún motivo, cuando yo merecía más que cuidados, una verdadera prueba de valentía o un propósito propio, después de ello, provocó el reencuentro y en algunos meses lo que tomaba forma de orden, de una fábula compleja llena de idealismos morales, se comenzó a derrumbar para regresar al caos y el desorden, su compleja vida y su absolución había fallado, cayendo nuevamente en ese espiral de adicción, locura y muerte. 

Después de una segunda y tercera vez. El regreso del primogénito fue triunfal, y tal como la anécdota bíblica:
"Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta.

Se mató el novillo cebado, metafóricamente. Y de pronto, como si todo borrara los lamentos y el llanto con una risa o sonrisa, todo se volvió "bueno" en su mente destrozada por la fantasía, por la irreal convicción de un perdón que modificaría todo un historial delictivo discordante y destructivo, entonces, se le dio el mejor vestido, la mejor comida, se abrió una botella, se brindó, se bebió, se comió, la vida siguió, nada se detiene por lamentos o culpas, pero ahí está, encumbrando la mierda social a un redentor, que puede ser menos que eso, que quizá nada haya aprendido de su periplo salvaje, quizá nada haya cambiado por dentro, ni muestre arrepentimiento, pero psicológicamente pretenda cambiar algo con una actitud soberana y cínica.

Yo desconozco la mente humana, no sé que pasa por sus millones de terminaciones nerviosas, desconozco el atrevimiento de los padres para soportar la autodestrucción y comprender el perdón, y lo desconozco quizá, porque yo no soy padre, pero soy (quizá) un buen hijo, desconozco si la redención es legítima, desconozco los motivos que tienen para que después que ella regresó, me consideren a mí, el peor de los seres humanos, coexistiendo con la incólume de su primogénita, yo que nunca he sido la oveja negra, pero ahora soy el exiliado, el desterrado de sus ojos, soy la vergüenza, que no se advierta mi presencia porque daña, soy el mal que mata.

Todo lo que hago es ser yo mismo. Que yo no cumpla sus expectativas, es porque mis expectativas son otras a las de ellos. Sigo sin saber... ¿Qué mal habré hecho yo? ¿En qué me convertí? ¿Habré cambiado? ¿O ella es mejor por su redención que yo? ¿sin redimirme de algo me vuelve malvado? ¿Será mejor el arrepentimiento hipócrita de ser, que no arrepentirse nunca de ser uno mismo? Les confieso: "Lo único que hago, es ser yo mismo" 
¿Qué daño habré causado con eso?

[décimo aniversario]

Hoy exactamente, se cumplen 10 años desde que empecé a escribir en este blog. La gente me pregunta cuando dejaré de escribir aquí, la respuesta es: hasta el día que ya no tenga nada que decir o muera. Lo que pase primero.


Mi primer post. El principio - Octubre 2006

[su nombre contra todos los males]

Tengo un incesante bloqueo creativo desde algunas semanas, que se me ha quedado pegado al labio, como su nombre a mi memoria.

Siempre sus párpados sobresalen entre la mañana, al atardecer es la misma estampa, ya le he dicho que sus ojos brillan en mí, como hipnóticos faros. Quizá no le gusta creerme. 

Cuando el bloqueo se hace presente sin ningún motivo, solo tiendo mi cuerpo sobre mi cama, giro de un lado a otro, hasta que se me acaban las fuerzas, me frustro, me paralizo o las ansias se revuelven dentro de mí. 

No defino que escribir. Uso su nombre como mantra, su precioso y elegante nombre, que siempre se debate en mi razón y mi corazón, desconozco en esta lid, quien triunfe y tampoco me pregunto por quien apuesto para vencerla. 

Han pasado varias semanas y no escribo ni una letra, hasta las letras en su individualidad perfecta, me parecen grotescas y carentes de sentido. ¿Es acaso una especie de herejía, reprocharlo todo? 

Pienso que mi naturaleza fue construida para ser destruida como diversión. Yo esperaba que ella me reconstruyera, pero ya estaba arruinado, tanto que no reconocía lo que dolía porque simplemente ya no sentía. Así sucede con el bloqueo creativo. Paso tanto tiempo sin poder escribir que dejo de hacerlo y me parece muy normal. 


Nada concibo y mi mente de nada se nutre. Soy yo el que le hizo promesas de inmortalidad, ante mi notable habilidad de haberle visto carácter, un extraño entusiasmo ardiente y esos ojos pletóricos que poseen un balance para mi desequilibrio. Todas esas grandes virtudes que se debaten por florecer durante pequeños instantes, y ella con su prudencia e inteligencia desvirtúa mi temple y mi idolatría. Entonces concibo mayores motivos para su inmortalidad. Ese es el único motivo, es porque ella es arte, es poesía, es libertad, y yo venero el arte, la poesía y la libertad. Por eso le escribo, porque ella le da origen a todo, también es el génesis y fin de mi bloqueo. Y el destino de mi prosa. 

Entonces recuerdo que hay algo que dulcifica todos los agobios. Que suprime mis lagunas mentales. Que restaura mi estructura. Que motiva mis virtudes. Exalta mis acciones. Que suspende el tiempo. Desafía mi temple. Y es su nombre, una fuente inagotable de lirismo, de armonía, de cadencia astronómica, de simetría matemática, de rima consonante, de apología épica, de ideal filosófico, de hábito lógico, de esencia estética, de metafísica, de física y química, de bálsamo dulce, de gaya ciencia, de astuta elocuencia, de sabia retórica, de calidez vigorosa, de serenidad, de inspiración fortuita y gala musa.

Ella, que es más que un nombre. 
Es más que sus 20 caracteres que dominan su nombre.
Ella y su pericia de combatir mi bloqueo creativo. Y no lo sabe, quizá nunca lo sepa.

[último viaje a Mexicali, B. C.]


Último viaje, eso quiero pensar.
 Que bonito amanecer, a través de un cristal.
 Por la tarde comida vegetariana... 

Luego el trabajo para finalizar el día.

Y regreso al mismo origen...

...hecho una bestia inservible, lleno de furia y rabia.

[por vos muero V]

Ya estoy cansado de tanta simulación, de lo que sólo aparenta, de querer llenar ese vacío con las cosas equivocadas, ya no soy tan joven para seguir con el vertiginoso vaivén de la vida, me agota el alcohol que se destila por mis venas, el sexo prodigioso sin fundamento, ya no me fascinan las letras insensatas que todo lo cuestionan, me ahoga la sabiduría pretensiosa, la que anhelo y espero, sin ningún esfuerzo, ya no se cuando concluya mi novela, o si algún día ganaré un premio, mi tiempo se reduce al trabajo de mi oficina y mis fines de semanas soy un recluso de las letras, me dominan, me someten, pero yo no puedo quejarme, porque así como se maltrata lo que se ama, ellas, a pesar de todo también me aman, con violencia, como yo también he amado, dolorosamente.

[volver a beber]

[por vos muero IV]

"En tus ojos se refleja dulzura, y tengo miedo de aquellas miradas que pueden hipnotizar y matar, que no identificas cuando acaricia y cuando hiere, porque el placer es similar a aquello que te mata. En tus labios el atardecer se vuelve amanecer, porque en ellos se generaba la vida y desterrabas el ocaso a mis párpados. Elegante y tempestuosa borrascas que te llevas los recuerdos amargos y brotan nuevos ideales de finura, presencia y existencia divina, si no comprendes la larga metáfora de un capullo a punto de germinar entre dos tierras fértiles, una que se empeña en hacerlo brotar por encima de sus límites, y otra que se propone a no dejarlo florecer, sin motivo alguno, sin razón, dejando de ser la motivación. Dejando de ser."

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