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[El odio de mi vida]

Odio la vida vacía e inasible.
También odio la vida compleja y sofisticada, que me hipnotiza pero me rechaza.
Odio esa tristeza que a veces me inunda.
También odio el vacío, la crisis existencial y odio sobre todo, la funesta alegría que luce su esplendor en mi estúpido rostro pueril.
Odio que a veces ya no quiera escribir.
Odio que a veces tengo mucho que decir y no puedo escribirlo.
Odio que nadie quiera escucharme, a veces detesto profundamente no tener amigos.
Pero me hace feliz no tener que preocuparme por alguien. (también odio ser feliz a veces)
Odio la solidaridad, el arrepentimiento, el perdón.
Odio el resentimiento y la venganza, odio la bondad estúpida de odiosos hipócritas.
También detesto la maldad ficticia, la malevolencia, la malicia sin sentido.
Odio que la vida sea tan hermosa que deba odiarla tanto.
Odio esta confusión emocional en un proceso que debía no sentir absolutamente nada.
Odio la saciedad de la sociedad.
Pero también detesto mi soledad.
Odio preguntarme ¿Porqué no sirvo…

[voces, lindas voces]

A veces escucho algunas voces preciosas cerca de mi oído que me seducen.

Como las voces de las sirenas que hipnotizaban a los marineros para ahogarlos entre sus cabellos.
Esas voces me dicen cosas que me adulan, que me sorprenden, tienen una voz dulce y son tres o cuatro voces distintas, todas provienen de mujeres, son modulaciones femeninas, es música discreta a mis sentidos, una fascinación a mi oído, todas esas voces son agradables y maravillosas, en su tono, su melodía, pero algunas veces, me confunden, me hablan todas a la vez y no entiendo, opacada la malicia por su hipnótica esencia y su melodiosa maldad que parece tan dulce, o quizá soy yo demasiado ingenuo para darme cuenta del daño que su voz provoca a mis oídos.

Y algunos pueden pensar que estoy loco. No tengo miedo de lo que soy o de lo que voy a convertirme, de hecho, desde hace muchos años que he esperado este momento. Poco a poco las voces serán más potentes y se callarán menos, yo tendré menos voluntad sobre mí mismo, y…

[adaptarme o mejor morir]

O  dejarme morir.
De una maldita vez.

[carta a la añoranza]

Las voces vívidas. Las alegres comisuras desbordando exaltación. Un heróico entusiasmo y una nostálgica ingenuidad es lo que me atrapa en un mismo recuerdo infantil, mi pensamiento infantil estaba formado por momentos vacíos y triste. El frío y lo gris es lo único que recuerdo de mis ojos y pupilas de mi edad juvenil. Ahí estaba un último día de diciembre, recuerdo que era 1991 o 1992 fue la última vez que sentí alegría y que reí profundamente hasta que me dolió el estómago. Y como mi padre esa noche no estaba ebrio, ahogado en su propio vomito, por el contrario estaba también alegre, cantando esa melodía y bromeando con nosotros alrededor de la mesa, mientras alguna imagen navideña salía en la tele a la que no le prestaba atención, volví a admirar a mi padre un poco, sin saber que después lo odiaría, luego me sería indiferente y ahora lo he redimido es que ha dejado una gran herencia en mi, su misoginia; su ateismo; su racismo; y su nihilismo.

Alegría: y es el recuerdo de su risa lo…

[¿Quién eres?]

¿Quién soy yo?
¿Qué no he sido?
¿Quién me ha creado?
¿Qué es lo que me destruye?

¿Qué es lo que he hecho con mi vida? ¿Cómo defino mi éxito o mi fracaso?
¿Acaso la presión social me quiere destruir en vez de ayudarme a construir?
¿Esto soy yo, o es lo que quieren que yo sea?
¿Y de no haber nacido... todo lo que me rodea existiría igual?
¿Qué es lo que me hace resistir?
¿Hasta cuando desisto?
¿Cuándo llegará mi destierro o mi exilio?
Si no creo en Dios ni en el Diablo. ¿A dónde iré cuando muera?
¿A quién he destruido, qué he construido?
¿Y si esta es la única vida que debo vivir?
¿Qué he experimentado, que me ha emocionado?
¿Y ahora que soy?
¿Qué seré después de unos años?
¿Soy ahora lo que siempre quise ser?
¿Y quién soy yo?
Siempre tengo preguntas, y muy pocas respuestas.

¿?

[De cuando conoces la soledad un 28 de abril]

La ciudad es decadente. Pero me siento cómodo a esta hora de la madrugada, me siento escondido entre la penumbra de la noche, como si nadie me viera, pero al contrario, es cuando más me observan.

Todo el silencio y la miseria me hacen creer que he crecido con la misma ingenuidad pueril, de la que siempre desdeño. No puedo seguir siendo un infante a mi edad. Quizá no me gusta crecer y darme cuenta que yo también soy un adulto miserable.

Y camino después de una función de cine, cargando mi vaso promocional y el resto de mi paquete de palomitas que no he terminado de comer. Me acompaña una oscuridad profunda y fría. Y yo sonrío por el recuerdo de una película que hizo sentirme vivo, solamente durante su proyección de 120 minutos.

Hay un silencio que no me incomoda, un vacío dentro de mí, que no me hace llorar, ¿Para que llorar una vez más? El frío que me vuelve trémulo, no es ningún desconocido para mí.

Son casi las 4:00 am.

Y me acerco a mi casa, de pronto todo el desorden se acumu…

[La poética del fracaso]

Querido amigo poeta.

Tú, que entraste en el selecto grupo de los rechazados, ese sector elitista y numeroso, que tiene a los escritores y poetas en rencillas contra su ego, y también contra el ego ajeno. Déjame decirte algunas cosas.

Si bien, fuiste quien me inspiró en un inicio a convertirme en escritor, pasando de la prosa a la poesía, y luego a la narrativa, para finalmente volver a la poesía barroca, entonces, regresar a la narrativa, que es donde me siento más cómodo, más yo, fluyendo constantemente sin limitaciones. También es cierto, que querer igualarte, fue lo que me hizo acercarme a ti, y este acercamiento no se concretó completamente por mi timidez y mi recelo ante tu rima. Siempre he sido un hombre introvertido en contraste con tu prosa extrovertida, sin mencionar tu poesía valiente y atrevida, que siempre estuvo muy sujeta a tu inaccesible estado de ánimo, a mí me animaba que fueras tan controvertido y exagerado en el lenguaje, porque hacías rabiar a los críticos, recuerdo …

[sobre ella]

En tus brazos encontré una finalidad.  💏 No había algún motivo, o destino, ni siquiera conocía el preludio a una felicidad repentina y sensata. Nunca manifesté una verdadera alegría, que reflejara la poesía descriptiva y dulcificada. Ni se manifestaba en mí, ese pulcro deseo de la necesidad de afecto cercano y reconocido. Tampoco había nacido la ilusión en mí, de rozar una mano con el agrado de una caricia persistente. Como si el tacto fuera otro lenguaje, ese que siempre he detestado y despreciado, pero que se concibe en ella, de alguna manera inexplicable por todos mis razonamientos, en una dulce y sofisticada necesidad, opacando el deseo, la lascivia, el perjurio, incluso un poco esa amargura.
Ha ido madurando este sentimiento que era incoherente, ambivalente y ambiguo. Se fortalece en cada una de sus palabras, parecen prenderse ante su aliento. Si hace tiempo era un desastre provocado por mi manía de autodestrucción, hoy parece, que todo lo que estaba roto en mí, han sido ruinas exh…

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