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[última esquela de desamor]


No, no tengo palabras para decirtelo. Y esque aún si las tuviera, se quedarían ahogadas en mi garganta. Si esque soy así. Pero que quieres que te diga, a veces la soledad, es mi veneno, que me enferma.

Es mi veneno. Yo percibía en tus ojos aquella alegría intacta, hasta antes de mirarlos por última vez, pero; hoy, que ha pasado tiempo, que aún veo tus ojos, y que se infectan con la debilidad, solo miro tus ojos, como se desprenden lágrimas, brillando entre tus párpados, cual hojas secas mojadas por el rocío.

Ya no me consuelo tu sonrisa. Esque buscaba tan apegado, el modo de sentirme seguro, pero vaya, que era una falsedad, sentirme entre tu acogimiento, y si, que era una falsa seguridad, porque vi como se demoronaba. Era entonces esa rebelión, a la que yo me apegaba, esa oposición lo que hacía sentirme tan seguro. ¿Y cómo podía saberlo yo? Si tu me mirabas, como si yo fuera el hombre de tu vida.

Envenenado por tu mirada, era el perfecto adorno, ese encanto violento, con el que podias asesinarme tan sólo mirandome.

Si me corte los brazos, asi soy yo, soy un estúpido, me dicen que no vale la pena, pero realmente valía la pena, como para sufrir este dolor desmedido?

Antes de irte. Esperaba que tus labios, me dieran la mortalidad, antes que verme destrozar el pecho, y desangrarme, veía como la sangre fluía, como los torrentes, en las fuentes, pero, para mi eso era la libertad, ver la sangre discurrir por los lados de mis brazos, desbordándose, sin detenerse.

No quiero despedirme porque encuentro que en ese lapso de tu ausencia pueda volver a ver fluir mi sangre, brotando desde mis muñecas, hasta desprenderse al borde del arrebato, cayendo lentamente, porque entonces sabría que mi corazón, a pesar del dolor, aún palpita.

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