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[palabras suspendidas]

He perdido el habla; antes de tomar una desición, si bien no tanto definitiva, si importante, no podía expresar, el resto de mis palabras, mas allá de mi lengua, y se desgastaban en mi boca antes de que pudieran salir al aire. Si, tenía que desprenderme de ellas, como esos objetos viejos, inútiles, que se guardan en el desván. Así parecía. Como mis palabras se enterraban dentro de mi piel, y se pudren lentamente.


Por momentos maldecido, arrastrado hasta los rincones más profundos de mi mente.


Ninguna palabra, en ese estado es admisible, ni siquiera; en el momento mas alborazado. No me atrevo a volver a pronunciar, en mis labios todos los pensamientos, que dejaste hundidos en mi mente, ni siquiera volvería a evocar las palabras mas sensibles y discretas que pronuncié, porque las cosas ya no son como eran antes, y no volveran a ser como antes: mi corazón se ha destrozado. He caído herido, como una ave de rapiña, atacado por la insensibilidad, y la fragilidad, al empeñarse en volar. Y esas caídas, producen miedo a un segundo intento.


Las cosas ya no pueden ser como antes; pero no pude decírtelo, tengo que lidiar con mis emociones, y con la intransigencia de una mente desbocada como la tuya.


Me encuentro entre emociones, indecisiones, confusiones, y una hilación de palabras antiguas, que debí haberte dicho hace mucho tiempo.

Pero se desmerecen esas palabras, carecen de sentido, si hoy pudiera pronunciarlas. ¿Porqué no habértelas dicho? Es algo que me envuelve, como un velo pálido en mi rostro. Pero ni por mucho que lo intente, podré hacerte comprender, que si hace tiempo, habías logrado herirme, y abrirme las cicatrices con recuerdos tuyos que permanecían tangibles, aunque solo fueran pensamientos intangibles, de materia imperecedera.


No puedes actuar como si las cosas, como si el tiempo se detuviera, hasta que tu corazón se repare, porque creeme que yo he esperado ese momento, mucho antes que tu.

Se han desgastado nuestras palabras, y eso me aterra, por mas que yo intento, y mis intentos no han bastado, en que pueda funcionar todo como antes. Con humildad te digo; y es algo que deberías de aprender, o a reparar en ella, cuando creas que todo, debe girar conforme a tu voluntad; que nada de esto ha vuelto a funcionar, que me siento débil a tu lado, y no es porque lo sea, si no porque se han desgastado nuestros momentos, y se han vuelto monótonos.


¿Qué nos quedará después de estos momentos? Cuando la vejez nos reduzca a grotescas figuras de piel, y nuestras caricias, se oculten por miedo; cuando un beso nos sonroje, como núbil enamorado, y lo probemos tímidamente, y nos ocultemos de la gente envejecida, por temor a envejecer como ellos, y observarnos sin recato, que nos acabamos la vida, como viejos; siendo aún jóvenes.

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