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Mostrando las entradas de diciembre, 2006

[a los diecisiete años]

Tener 17 años; y la responsabilidad de preparar nuestras obligaciones, enfrentando la mayoría de edad, aún sin haberlos cumplido.

Deshacer mis fantasías, porque me dijeron que el mundo, era inmenso ante mi nimiedad, y aferrarme a aquello que me parecía tan ajeno apenas unos días antes.


Desprenderme de aquello que ya no podía apegarme, porque pertenecían a mi mundo de antes, al cual tampoco yo pertenecía.


Dejar derrumbarse mis sueños, porque son ideales imperfectos, y yo no merecía equivocarme al caminar libremente por la vida de mierda.


Callarme, porque debo hacerlo si deseo seguir con mi empleo, me habían dicho que reservarme me haría mas inteligente ante los demás.


No me dejaron equivocarme, porque equivocarme era señal de fragilidad. Y yo debía ser el hombre perfecto.


Derrumbarme... Dejar mi dulce ensoñación pudriéndose, como una inmunda falsedad.


Me obligaron a mentir, para ocultar sus mentiras, pero me reprendían cuando yo disimulaba las mías con mentiras iguales.


Pidieron compre…

[maldito]

Odio todo, y ya no lo soporto, muchas veces sólo quiero olvidar,
que esta es mi vida, y quizá olvidándola, me haga madurar más.


Porque odiarme, sólo me impide emociones,
se opone a que resista,
y eso me lleva a la misma conclusión.



Es dificil, que me desprenda de este sentimiento,
y no tolero que tenga que seguir viviendo así,
he decidido a cambiar mi actitud ante la vida.


He decidido madurar, y entonces descubrir,
lo que me hacía faltar para crecer,
no crecer en años si no en experiencia,
experiencia por los golpes de la vida,
porque vaya que esos dolores nos hacen madurar.

[palabras suspendidas]

He perdido el habla; antes de tomar una desición, si bien no tanto definitiva, si importante, no podía expresar, el resto de mis palabras, mas allá de mi lengua, y se desgastaban en mi boca antes de que pudieran salir al aire. Si, tenía que desprenderme de ellas, como esos objetos viejos, inútiles, que se guardan en el desván. Así parecía. Como mis palabras se enterraban dentro de mi piel, y se pudren lentamente.


Por momentos maldecido, arrastrado hasta los rincones más profundos de mi mente.


Ninguna palabra, en ese estado es admisible, ni siquiera; en el momento mas alborazado. No me atrevo a volver a pronunciar, en mis labios todos los pensamientos, que dejaste hundidos en mi mente, ni siquiera volvería a evocar las palabras mas sensibles y discretas que pronuncié, porque las cosas ya no son como eran antes, y no volveran a ser como antes: mi corazón se ha destrozado. He caído herido, como una ave de rapiña, atacado por la insensibilidad, y la fragilidad, al empeñarse en volar. Y es…

[ruidos en mi cabeza]

Todo dentro de mi cabeza, se vuelve, difuso, incomprensible. Todo lo que existe en una mente desubicada, desordenada. Despierto, pensando en lo grandioso, que sería mi vida, si algún día, llegaras a formar parte, de todo mi entorno, que he creado, a desprecio de muchos, pero por aprecio a ti.


Vivir tan sencillamente, vivir como un sensible ruiseñor, herido por las espinas de las rosas, pero, despreciando el dolor de su pecho, por tener otro sentir mas profundo, mas irremediable, mas hondamente arraigado. Si es que has olvidado cuándo escuchaba tu canto, al alzarse el resplandor imaginario de la luna sobre mi ventana, reflejando el tímido matiz, del alba, hasta ocultarse nuevamente por el oscuro manto de la noche.


¿Qué es lo que ha cambiado? Que sólo escucho discordantes sonidos, salir de tu labios, o es, que acaso… ¿He perdido el oído, o has cambiado el tono de tu voz? Sólo son ruidos hirientes. Haz hecho de tu dulce modulación, que tu voz embellecía, mi desgastado perfil, un graznar …

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