Un octagenario conversaba con una mujer, a decir verdad cuarentona, la plática variaba sobre el tema de su desayuno, y vigor del hombre; mientras hacen fila para pagar sus respectivos productos. La lozanía del hombre, que vestía uniforme de policía, pero por dentro portaba con orgullo su vetustez, y se regocijaba de la edad que tenía, y se reía de la vida y de la muerte. Y la mujer le exaltaba sus pretensiones, que parecían graciosas. Después un profundo silencio, concluyó la alegría repentina, y ante tal confianza sutil, esa clase de confianza y cortesía que las personas tienen cuando se enfrentan en una situación similar, y que crea lazos de afecto temporales, la mujer arriscada, se lanza a preguntarle la edad. El anciano reponde con una sonrisa.
-Tengo 84 años.
La mujer sorprendida dice algo inaudible, y mira al octogenario. Él, sonríe diciendo: -No, mi padre falleció de 112 años.
Y la mujer aún mas sorprendida sólo guardó silencio.
Y yo con muchos menos años que él.
Pienso en el suicidio y lo mierda que es la vida. Parece que la vida me está ganando la batalla. Y me he llevado una de esas lecciones de vida.
Lo único que quiero en este momento...
Es certeza.
Inteligencia.
Tranquilidad.
Numen.
Una de mis 12 musas.
Creatividad.
Embriaguez no alcohólica.
Soledad.
Sarcasmo.
Despreocupación.
Sueños.
...Sólo quiero algo, aún estoy buscando lo que me hace falt
a.

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© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.
 
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