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[enferma idolatría]

La ausencia ya estaba prevista, anunciada desde antes, yo la esperaba fingiendo desinterés. No me importaba, pensaba. Esperaba el momento de recurrir a la despedida, a su abrazo, a su calidez, a rozar con mis palabras su oído; como si fuera la única caricia que pudiera percibir en su derredor y yo fuera lo más cercano a una armoniosa satisfacción imperfecta.
Oh agridulce tragedia.
Que involuntariamente había venido a dañarme. Violentamente me había destruido por dentro, pero mientras ella estuviera presente debía cubrir mi fragilidad.
Destierro la última sonrisa que esbozaron mis labios, mi alegría huyó con ella, creo que estaba pleno, porque después de su partida me quedé vacío. Y ese vacío tiende a no llenarse con nada. Quedé incompleto, como queda un hombre en ruinas. Había quedado prendado, idolatrando, pensaba compensar este derrumbado ánimo con la anticipada algazara que encontraba entre mis pensamientos de la alborada más reciente.

ALBORADA. (De albor, luz de día.)
1. n. Ocaso o puesta de sol.
2. f. Tiempo de amanecer o rayar el día.
3. f. Música al amanecer y al aire libre para festejar a alguien.
4. f. Dícese de la persona que mira a otra con idolatría, y en sus ojos es tanta la admiración que confunde su mirada con la luz del día, aún cuando es de noche.


No se como se siente una ausencia temporal, porque sentí un dolor, que parecía definitivo, supongo que es muy similar a este dolor. Yo fui en busca de ella, aunque sea entre mis sueños y mis pensamientos, y la encontré, estaba entre mis letras, quise que se quedara a habitar ahí, pero, se fugó también.
No debía recurrir a sus palabras cuando me confortaban, ni saturar sus labios con su risa, mientras se aferrara a mi oído exaltando mi alegría menguante.

Ella se había ido. Y todo se fue con ella, mi creatividad, mi alegría, mis estaciones, hasta mis abriles, todos los capullos, los destellos de luz, imperó mi ignorancia; sobre aquellos retazos de rudimentos que siempre habían superado cualquier parangón, acrecentó mi debilidad porque con su labia despojaba toda lasitud, y enfermó de idolatría toda admiración por ella que maduraba dentro de mí, que inició por una fugaz exaltación, desembocando en fervor idolatrado, en sutil apasionamiento, en mutua admiración, con sobrado apego del que nunca tuve control; yo bebía un poco de su ventura y era dichoso de estar con ella.
Y se había marchado, y yo seguí aquí esperando su regreso, su llamada, o su risa vagando entre el aire, porque era infeliz, infeliz sin ella.
Y feliz que ella jamás lo sepa.
Quedé aprehendido por sus palabras. No pude escribir nada desde su huída, por eso vengo apenas a expresar este sentimiento casi una semana desde que ella se fue. Ha hurtado mi inspiración.


Finalmente regresó a Tijuana inmediatamente recibí su llamada. Todas mis supresiones se habían debilitado, había venido a darme una segunda vida.
Su huída, fue como si de repente, todo en mi cabeza se hubiera diluido, y vaciado; y no tuviera nada vivo en mi interior. Solamente una evocación de ella, ardiendo vivamente.


Gracias. L.L.C.C.

Comentarios

  1. Las despedidas siempre tendrán ese toque de tristeza y melancolía, es inevitable cuando se trata de n ser cercano, amado.

    Buen post. saludos...

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  2. LOS ROMANTICOS Y APASIONADOS AL FIN Y AL CABO SIEMPRE.......SOMOS UN POCO DEPRESIVOS.
    Besos llenos de cariño para ti amigo mío.
    mar

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© Prince W. Cantodea

...y por si no te vuelvo a ver:
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
(Truman Show)

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