[what the fuck is wrong with me?]

Últimamente nadie acierta a pronosticar un diagnóstico, justamente después de haber sobrevivido a una fiebre inexplicable, que deja secuelas de dolores posteriores a la enfermedad, un vaivén se sofocamiento continuo que a veces desaparece pero en momentos inoportunos aparece nuevamente.

Esto no ha sido reciente, en mi infancia caía enfermo el triple de veces que cualquier niño, incluso más que cualquiera; pasaba meses en cama enfermo, esas veces me ponía a devorar libros a mi alcance, no era el típico niño que encendía la televisión, algunas otras veces, encendía el radio en programas de política o de análisis, como pasaba más tiempo enfermo, debía aprender a hacer algo en mi cama, cuando estaba enfermo no me gustaba dormir, entonces decidí leer.

Lo de escribir vino después, no se cómo, pero llego el deseo, la curiosidad, la habilidad. A los ocho años pasé casi todo el año enfermo; de pulmonía, de dolores, de fiebres, alergias y de mi enfermedad casual con la que nací, la lectura me mantenía ocupado, brioso, interesado, y le hacía plática a la persona que me daba los medicamentos, a los curanderos, a los médicos, y en general al resto de personas que me visitaban con sus medicamentos en mano, esos mismos quienes encendía la televisión, la que yo apagaba cuando dejaban el cuarto. Las enciclopedias de animales eran mi predilección irracional e inexplicable.

Posteriormente vinieron otras enfermedades un poco mas complejas, los dolores no sólo se quedaron en mi cabeza; vinieron hasta mis extremidades, muslos, antebrazo, muñecas... sobre todo en mis muslos, a veces me golpeo tan fuerte con la intención de calmar el dolor repentino. Antes tomaba analgésicos sin autorización, apenas podía atenuarse.

Recuerdo que a los doce años pesaba casi 80 kg, ese año justo antes de terminar el sexto año de primaria; y justo al entrar a secundaria, volví a enfermar por un largo periodo, parecía que perdía ese año, al sanar aparentemente después de múltiples medicamentos y pociones, pude terminar el año; pero perdí peso mucho peso y quedé pálido, y el estómago me sangraba por dentro; dijeron que fueron los medicamentos pues mi cuerpo no era apto para soportarlos, nunca ha sido apto para cosas tan fuertes, por ejemplo, yo no puedo beber alcohol; el estómago me sangra, no puedo fumar porque el simple hecho de pensar en humo se me irritan los ojos, se me tapa la nariz y me pongo rojo. Resultó que obtuve una fuerte gastritis, una anemia controlada y una asombrosa pérdida de peso que no he vuelto a recuperar.

Ese año volví a leer muchísimo. En el recreo terminaba de leer las novelas que no alcanzaba a concluir, me acostumbré a leer dos o tres libros al mismo tiempo, costumbre que he mantenido. No era precisamente el chico que encajara en un grupo. No tenía amigos. No tenía novia. Una vez invité a una chica... y nunca llegó a la cita. Era primer lugar de aprovechamiento, fuera de mis padres y maestros; a nadie mas le importaba. (ni siquiera a mí).

El primer pensamiento suicida fue a los quince años, cuando estaba en preparatoria, ya había escrito una novela y participado en un concurso de poesía, pero, me sentía inútil y vacío, generalmente, yo estaba solo en casa. Algunos pensaron que era típico de la adolescencia, otros se mantuvieron ignorantes. Mas tarde una clínica diagnosticó DISTIMIA. Otros propugnaron por la idea que era un trastorno depresivo crónico, pero pocos tomaron en serio los síntomas, así que tuve que fingir en frente de todos que todo era producto de la adolescencia. Quizá con esa idea dejarían de adivinar. Quince días después volvía a pensar que quería morir ese año. Y así sucesivamente las ideas de muerte eran recurrentes.

Me corté los brazos con una navaja. Nunca fueron cortes profundos, alguna vez lo deseaba... algo me lo impidió y sigo aquí. Pude disimular los cortes siempre, además porque mis padres nunca estaban en casa. Yo entonces dormía mucho. Estaba sólo. Seguía sin amigos, al menos amigos tangibles no los tenía, unos cuantos por correspondencia, que dejaron de escribir después. Seguía sólo... y con los brazos heridos.

Una trastorno obsesivo compulsivo, acompañado de una depresión a veces profunda a veces no tanto, es el resultado de mi enfermedad, analgésicos y citalopram, ya debería estar acostumbrado a todos mis síntomas, pero no me acostumbro, espero los otros síntomas desconocidos que vendrán.

Pienso algún día en la magia que llegue a menguar todo el dolor.

Comentarios

  1. lo peor de todo es que esperas que llegue mas...

    ResponderEliminar
  2. Omg! yo tb era desafortunado, hasta que comence a admirarme y a amarme n.n

    ResponderEliminar
  3. YA TODO PASARA, DECRETALO, DESAPEGATE AL DOLOR.
    Ya sabes lo que pienso, lo que sufro, yo también soy bastante depresiva...pero trato de ver el sol incluso en la oscuridad.
    Te quiero mucho y espero que te sanes.
    Besssssssssssoososs.
    mar

    ResponderEliminar
  4. PANDORA. gracias por la visita, y por el apoyo. TE ADORO.

    IVÁN. Buen comentario. gracias, lo intentaré.

    MAR. Haz iluminado mi alma de pequeños trozos de luz, ojalá vinieran a alumbrarme siempre que caigo a este abismo. TE QUIERO.

    ResponderEliminar
  5. No me preguntes por qué, pero vengo de muy lejos también a desearte un pronto y pleno reestablecimiento. Existe en mi alma una ventana, un puente que me trajo a ti y eso, lo agradezco.

    Leyendo y releyendo tu blog...encuentro cosas, pedruzcos, señales...

    ResponderEliminar
  6. perdoname mi hermoso prince!!!!

    Pero este trabajo que tengo absorve ultimamente mi tiempo... prometo pasar por aqui el domingo para ponerme al día...

    Te mando besos etternos.
    Tana

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

© Prince W. Cantodea

...y por si no te vuelvo a ver:
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
(Truman Show)