[mi vida en tus labios]

Recientemente en los noticieros surgió la irónica historia de dos jóvenes dispuestos a suicidarse, que por circunstancias diferentes, se encontraron en el mismo tiempo y en el mismo espacio, y uno fue el bálsamo del otro.
Aquí la historia. (Los nombres de los personajes fueron cambiados, no para proteger su identidad, si no porque no los recuerdo.)

Kenia, una joven conservadora proveniente de una familia de normas tradicionalistas, y reglas muy estrictas, muy bien definidas, tenía apenas 18 años, se mudaron a una ciudad conservadora y religiosa a las afueras de un pueblo de E. U. Las normas que regían a su familia indicaban que debía casarse con una persona escogida por el tirano de su padre, sin preguntar su opinión, ni pensar en las consecuencias de tales actos, sumida en una depresión profunda, la joven Kenia, encontró la alegría de una valientes labios que le mostraron la temeridad de la vida, era un hombre amoroso y permisivo, de una amistad surgió el tan anhelado amor, que tenía vida. La profunda opresión que sintió Kenia por algunos momentos de su vida parecían tener alivio, un alivio encantador, decantando toda la aflicción que sus padres le hacían cargar por moralistas y a veces contradictorias a las normas sociales. La boda ya estaba prevista, pero la pobre kenia había sido cortejada, cómo si en ese cortejo sus labios se hubieran aposentado en la boca de su amado, sin expresar ningún afecto, sólo el contacto de sus labios. Una noche los instintos que parecían dominados por un temor oculto en Kenia, fueron finalmente suprimidos, o superados por la pasión amorosa de ambos, se entregaron a la vida, fundieron su piel y cada uno de sus besos pudieron hacer florecer en invierno todas las flores que crecen en primavera. Del fruto de esa pasión enloquecida, se gestaría en su vientre un futuro feto. La alegría invadió sus ojos y sus labios, y correría a besarlo, y a permanecer fundida en sus abrazos, sólo para comunicarle entre lágrimas y risas que dentro de su vientre había una criatura latiendo por el corazón que unieron ambos y le dieron vida con su sangre; pero su amado no recibió con placer la noticia, Kenia pensaba poder escapar de casa con su amado y desligarse de sus padres, pero nunca desasirse de los dulces abrazos de su amado, él le reprochó, le ocasionó el mayor dolor en vida de una mujer embelesada por sus caricias, que al ver sus ojos sintió el rechazo y el tacto endurecido por su amado, negando a aceptar el hijo además confesó que su más grande amor no era ella, si no su esposa. Kenia se desmoronó, se acabó su mundo, se perdió la esperanza, todo dentro de ella se quebranto en pedazos, sin poder recoger esos pedazos... murió con la noticia, ya no tenía esperanza, sólo se arraigaba en su mente la idea de abortar... porque sus padres y la sociedad la odiarían, inmoral, asqueados de semejante atrocidad. Al no encontrar apoyo en su casa, pasó sus últimos días pendiente de su vientre, pendiente de la horripilante vida que vendría con esto, y quiso terminar con esto, tomó sus lágrimas y se levantó como pudo, para suicidarse lanzándose de un puente...

Leonardo su vida era perfecta, tenía su esposa, felizmente casado, esperaba a su primer hijo, del cual tenía planes de vida, muy grandes como sus aspiraciones, esos días lluviosos los disfrutaba en casa con su amor, en una pequeña casa a las afueras de un pueblo de E. U. Recibió una llamada de felicitaciones de padres, amigos, familiares incluso de sus compañeros de trabajo, incluso de sus patrones de su empresa donde laboraba desde hacía más de 12 años, no fue precisamente una llamada de salutaciones, o gratificaciones, fue una llamada de despido, lo estaban despidiendo, las razones, no tienen validez, el hecho es que estaba despedido, no se lo dijo a su esposa para que no cayera en la tristeza, Leonardo quería la eterna y duradera felicidad a base de mentiras aunque lo fugaz y efímero fuera más real. Envió a su esposa a un viaje con sus padres, quienes estaban a unos cuantos kilómetros de ahí, pero las condiciones no eran propicias para viajar, no pudo negarle ese viaje a su primorosa esposa, ella volvía de la casa de sus padres, y el carro volcó, murió instantaneamente y su hijo que estaba por nacer también. La noticia llegó mientras bregaba por mantener su viejo empleo. Se demolió, perdió la esperanza, dos personas de su vida se habían ido, y el estaba solo, completamente solo. No pudo sobrellevar esa perdida e intento suicidarse, fue a ese mismo puente donde se encontraba Kenia a punto de lanzarse... Leonardo al ver semejante escena:

Algo dentro de él, se adhirió a un resquicio de fe, de esperanza, de mortalidad... había una esperanza que no comprendía, quizá impedir que su vida se consumiera sin antes regalarle la vida a alguien y esa sería Kenia, la abrazó, le murmuró al oído, cómo un ángel.

Su amistad creció hasta encontrar lo que habían perdido en ambos, la vida en sus labios. Pero Kenia que lo amaba, no amaba a su hijo, y Leonardo que la amaba, amaba más el hijo que ella esperaba. Ambos se comprometieron al mutuo afecto, al cariño, pero no encontraban el completo consuelo, comprometidos por su alegría instantánea, con esa felicidad que no era total, sólo un amargo consuelo, al que ambos se aferraban porque encontraron un pequeño trozo de esperanza en unos labios que parecían tan heridos y muertos en vida.


(Esta es la historia verídica, que pienso escribir en forma de novela haciendo algunas variaciones, actualmente, enfrentan un juicio porque Kenia quiere una orden restrictiva contra Leonardo para que le permita abortar, y seguir con su vida, Leonardo no quiere aceptar ese trato y pretende pelear por el que quiere como su hijo)
Ni el mejor y más ingenioso dramaturgo podría haber creado una crónica tan irónica y romántica como ésta.

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