[ella era...]

I. Desde el primer momento, me inspiré, me embelesé de todas tus letras, y me aferré al dolor de no poseerlas. Las suaves armonías que me envolvieron me dieron respiro y alivio; a pesar de haberse perdido en los ojos de alguien, alguien que las supo palpar con el tacto, como si una hoja fuera el lienzo donde sus caricias se imprimían formando versos sólo para ti. 

II. Fuiste mi utopía, una inspiración entre todos los ingenios, aquella belleza platónica que arrojó mis miramientos a tu naufragio, y el más excelso grado de admiración y fascinación, que con discreto recelo desplegaba. Cómo se extendía mi mano sobre un tapiz escribiendo las letras que deseaba que navegaran ante tu mirada, como prodigiosos elogios. Que todas mis jactancias llegaran a empalagar tu oído. Que todas mis letras turbaran tu vista. Que mis labios consiguieran arroparse con tu vaho y en el destierro a mi naufragio que fueras mi vigía.


III. Eras mi motivación literaria, el ideal incomparable de una musa, terrenal, fugaz, la parva alegría que rebosa. Que haces comparable con un atardecer nostálgico y pródigo, en donde tus ojos debían perderse. Cómo yo me perdí en tu piélago de letras, desde la primera vez que caí seducido por tu intelecto. Fuiste entonces, mi inspiración, más allá de la contemplación, al extremo de no sólo inspirar lecturas, si no impulsar mis palabras conducentes a guiar tu mirada a todo aquello que arrojabas con profunda ilusión. Subsistí en tu discreto calor.


IV. Y escribí transigiendo los límites de aquellas frases estrictamente ornamentales, y aquellas palabras bellas imaginadas sólo para tu mirada. Quería que todas mis adulaciones te colmaran, te ataviaran, enriquecieran esos labios, y esa vista, aun cuando no me miraras, ni tus labios me besaran, pero me bastaba, que fueras el ideal de toda concepción poética. Que llegaras a sugestionar mis letras como profusos afluentes rebosando en las altas cúspides.


V. Ella era mi razón, ante ella me abatía cuando todos mis sentidos se impelían a extraviarse en su piel, que se distanciaba. Cuando miraba su sonrisa resplandecer entre aquellas olas de mi fugaz inspiración, y escuchar su risa embistiendo mi oído con dulzura, y su elocuencia con soltura seduciendo. Era la deidad que me inspiraba. Cuando todo era una ficción, en la que habitaba al contacto de su mirada, de aquellas inmóviles fotos; aquellas afectivas notas que me deleitaban. Ella era mi amor platónico. Ella era una motivación, esa esperanza a la que me aferraba, era la calidez, la dulce fortaleza. Ella era mi adoración. Era el arquetipo para mis elogios. Ella era vital para mí.
[Ella era… Pandora.]

 

Ahora, es algo más simple de definir… Ella es TODA MI VIDA.

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© Prince W. Cantodea

...y por si no te vuelvo a ver:
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
(Truman Show)