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Mostrando las entradas de junio, 2010

[ odio ]

Cuanto odio perderme tu mirada.
Desasirme de tus abrazos, de la calidez palpable de tus brazos.
Ser mortal cuando no puedo prenderme de tus labios.

Odio ser proscrito de tu boca,
perdiguero de tu aliento.
Aborrezco perderme tu risa, tu sonrisa, tu lírica alegría,
embriagarme por tu ausencia, cuando mis labios no toleran el alcohol
pero transigen los límites mundanos.

Cómo quisiera prenderme indefinidamente en los linderos de tu aliento,
exiliarme en el vaho cálido que destierras.

Si supieses lo que me cuesta respirar...

[el escritor que no podía escribir]

Ella lo había dejado, se había fugado de él, y él se quedó pensando en su recuerdo, como vagaba por todos los rincones de su memoria.

Tres días que había soñado con escribirle esos versos, pero todo había quedado en ideas, difusas ideas, que nunca pudo plasmar en papel; sus ideas encima de su cabeza se revolvían como torrentes de diversas fuerzas, sin aceptar ninguna. Era el escritor que no podía escribir.

Por las tardes padecía un dolor incontenible, se arrastraba aullando de rabia, que ni el medicamento podía paliar. Y con el abandono de su musa, caía en la absurda angustia de la lenta expiración, con su tintero colmado intentaba llenar su cabeza de ideas pero no había nada, estaba vacío, insulsamente vacío.

En su pecho atesoraba sólo un bello recuerdo de ella... esperando su regreso, y que con su regreso volviera la inspiración ausente o volviera a su expirante necesidad.
Creo que su ausencia mengua mi inspiración, creo que esta soledad me hace mal, cuando antes era mi perfecto c…

[la náusea, el mareo]

Recuerdo cuando me sentía nauseabundo, moribundo, apenas cursaba el bachillerato, e insistía en morir, por todas las afecciones que vivían en mi cuerpo, en mi mente...

Doce días con el mismo dolor de cabeza, con la misma náusea, y el mismo dolor que se arrastra por mi piel, y no se cómo quitármelo, ni las mezclas de pastillas que he tomado han servido para algo.

Me acuerdo de la novela de Jean Paul Sartre, títulada LA NÁUSEA, y no se porque me fascinaba tanto, cómo aquellas veces que idolatraba las emociones que contenía en sólo unas líneas, me hacían aferrarme fielmente a su dolor, a su náusea, a su mareo incontenible. Así era mi vida. Había dejado esas sensaciones, no se porque razón han vuelto a evidenciar que mi vida sigue siendo una mierda.

Ahora que inicio una nueva novela, y que sigo terminando mi otra novela, y que finalmente concluí la licenciatura, aprobé todas las materias. Este dolor se aferra a mi cabeza, y no se va, no quiere irse, debo aprender a vivir con él, antes q…