[él]

ÉL.
Viste un saco negro salvatore ferragamo, un portafolio de cuero negro con insignas doradas y su monograma insertado en la parte frontal. Su corbata color negra de la misma marca, resalta del fondo color vino de su playera, perfectamente lisa, planchada, ni una arruga, ni un pliegue fuera de lugar, sus zapatos lustrados tan brillantes, lustrados por el bolero de la esquina a quien escupió y le gritó antes de levantarse de su asiento y mirar con desprecio, su pelo negro lleno de gel, pulcramente peinado, como si nada pudiera tocarlo, camina por las aceras con la mirada fija en los que lo miran, con respeto por su elegante figura, es tan admirable para muchos que quisieran que yo fuera como él, a veces da clases, trabaja en un despacho, y gana 27 000 pesos al mes. Cuando solicita una entrevista, el mundo se detiene para que él avance, no tiene que hacer fila. (esto es lo que la gente admira de él)
En su mente se arraiga una idea profunda, quiere seducir a su vecinita... de doce años, a su hermana de veintidós años sólo quiere darle dinero para que se calle y se deje coger, y no le importa nada más, se la vive en bares, cantinas y table dance despilfarrando dinero, bebiendo, fumando e inhalando coca, compra prostitutas que golpea, humilla y desprecia, por las noches visita a su madre recluida en un asilo, a quien le da 200 pesos mensuales, cada que recuerda, y sigue fumando y bebiendo. Su padre en un hospital a quien ha golpeado diversas ocasiones por los efectos de las drogas, nunca lo ha visitado en el hospital.
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YO.
Visto una camisa del tianguis, un pantalón sin marca, apenas tengo una corbata, mi camisa llena de arrugas y los pliegues por todos lados, una mochila llena de grapas y alfileres, un agujero en el labio por mis perforaciones que debo quitarme para "dar buena impresión" mis zapatos casi pierden su suela, sólo los limpio con un paño húmedo para quitarle los restos de polvo, nadie me toma en serio.
En mi mente sólo existe la idea de progresar, de trabajar y salir adelante, de estuidar dos carreras más, pero sobre todo auxiliar a mi madre... (eso es todo lo que tengo en mi pobreza, y la gente sigue admirando la apariencia)

[bajo mi cielo]

Hoy miraba al cielo, tachonado de astros brillantes, ver la complejidad e inmensidad de ese espacio; me surgió la duda:

A veces sueño con un futuro alentador, con una carrera de peso, ganar mensualmente lo que quiero, comprar cosas para mí y mi familia, viajar por el mundo, comprar una gran casa, poner un negocio y retirarme a la plácida vida cerca de las montañas, después de un arduo y duro trabajo con esa carrera de gran prominencia.

A veces insisto en este sueño de seguir el sendero de convertirme en escritor a toda costa, a pesar de tener 23 años y seguir perdiendo el tiempo, primero en la licenciatura, y no tener patrimonio, ni bienes, de no existir sencillamente, de ser un completo inútil lleno de sueños e ideales abstractos, que tienen mi estómago vacío, porque es lo que me gusta y mejor se hacer, pero no sirve en la vida real.

Quiero estudiar "ciencias marinas" o "programación".
Pero también, anhelo ser el escritor que siempre he soñado ser.
Quiero retirarme de la política, pero a la vez no puedo desligarme de ella.
Quiero estudiar en el DF, pero a la vez no quiero irme porque estoy obsesionado por la rutina, y me descontrolan los cambios.
Quiero hacer todo y nada a la vez. A veces QUIERO ESTAR MUERTO. A veces QUIERO SALIR A VIVIR MI DÍA COMO SI FUERA EL ÚLTIMO.

(pero nada ha pasado con mi vida)
...quizá algo bueno esté por llegar...

[pisando la arena, y el mar violento borrando mis huellas]

Eliminar los recuerdos del pasado, cómo si fueran huellas pintadas en la arena y el vaivén de las olas violentamente viniera a borrar. Así sería tan fácil deshacernos de nuestros recuerdos dañinos y enfermos, desamores, dolores, todos tenemos algunas historias que quisiéramos eliminar definitivamente de nuestra cabeza, o en ciertas circunstancias; ignorar.

Todos quisiéramos borrar esos recuerdos que se han quedado en nuestra memoria, a pesar del curso del tiempo, no hemos podido olvidar, pues siguen latentes, es cómo si cada mañana dentro de nuestra memoria se proyectaran pequeñas películas repetidamente de esos momentos infelices. Si pudiéramos deshacernos de esas huellas, y que se fueran junto al mar, veríamos flotar miles de recuerdos dolorosos en forma de peces comiéndose unos a otros.

/vivo de recuerdos dolorosos, de recuento de desamores, de desesperanza, ilusiones fracturadas, de un pasado que se apega fielmente/ esperando en la absurda melancolía que ibas a regresar/ porque creí que tú eras el amor de mi vida/ haberte amado con la duda de mi afectación/ y haberte besado dejando evidenciar mi rigidez hubieras comprendido mi falta de interés/ que tú eres la causa de mi desahogo/ te esperé/ te esperé/ admiro que te hayas ido y siga de pie/ ya ves, que poco me importabas siempre/ y sin embargo te esperaba que vinieras a culminar mi derrota/ adiós/ ...puedo borrar estos recuerdos tan falsos, tú número de teléfono, tus fotos, tus cartas que escupen falsedades, esas bonitas mentiras que me hicieron feliz, tu voz y tu cara de PUTA/

Algún día quiero caminar sobre esta playa dejando mis huellas y no detenerme a mirar atrás; sólo deseo que al marcharme, el mar venga a borrar todo lo que he dejado a la orilla.

Tengo otras memorias que arrojar, y también desprenderme de ellas.
(...y estas memorias también se fueron...)

[what the fuck is wrong with me?]

Últimamente nadie acierta a pronosticar un diagnóstico, justamente después de haber sobrevivido a una fiebre inexplicable, que deja secuelas de dolores posteriores a la enfermedad, un vaivén se sofocamiento continuo que a veces desaparece pero en momentos inoportunos aparece nuevamente.

Esto no ha sido reciente, en mi infancia caía enfermo el triple de veces que cualquier niño, incluso más que cualquiera; pasaba meses en cama enfermo, esas veces me ponía a devorar libros a mi alcance, no era el típico niño que encendía la televisión, algunas otras veces, encendía el radio en programas de política o de análisis, como pasaba más tiempo enfermo, debía aprender a hacer algo en mi cama, cuando estaba enfermo no me gustaba dormir, entonces decidí leer.

Lo de escribir vino después, no se cómo, pero llego el deseo, la curiosidad, la habilidad. A los ocho años pasé casi todo el año enfermo; de pulmonía, de dolores, de fiebres, alergias y de mi enfermedad casual con la que nací, la lectura me mantenía ocupado, brioso, interesado, y le hacía plática a la persona que me daba los medicamentos, a los curanderos, a los médicos, y en general al resto de personas que me visitaban con sus medicamentos en mano, esos mismos quienes encendía la televisión, la que yo apagaba cuando dejaban el cuarto. Las enciclopedias de animales eran mi predilección irracional e inexplicable.

Posteriormente vinieron otras enfermedades un poco mas complejas, los dolores no sólo se quedaron en mi cabeza; vinieron hasta mis extremidades, muslos, antebrazo, muñecas... sobre todo en mis muslos, a veces me golpeo tan fuerte con la intención de calmar el dolor repentino. Antes tomaba analgésicos sin autorización, apenas podía atenuarse.

Recuerdo que a los doce años pesaba casi 80 kg, ese año justo antes de terminar el sexto año de primaria; y justo al entrar a secundaria, volví a enfermar por un largo periodo, parecía que perdía ese año, al sanar aparentemente después de múltiples medicamentos y pociones, pude terminar el año; pero perdí peso mucho peso y quedé pálido, y el estómago me sangraba por dentro; dijeron que fueron los medicamentos pues mi cuerpo no era apto para soportarlos, nunca ha sido apto para cosas tan fuertes, por ejemplo, yo no puedo beber alcohol; el estómago me sangra, no puedo fumar porque el simple hecho de pensar en humo se me irritan los ojos, se me tapa la nariz y me pongo rojo. Resultó que obtuve una fuerte gastritis, una anemia controlada y una asombrosa pérdida de peso que no he vuelto a recuperar.

Ese año volví a leer muchísimo. En el recreo terminaba de leer las novelas que no alcanzaba a concluir, me acostumbré a leer dos o tres libros al mismo tiempo, costumbre que he mantenido. No era precisamente el chico que encajara en un grupo. No tenía amigos. No tenía novia. Una vez invité a una chica... y nunca llegó a la cita. Era primer lugar de aprovechamiento, fuera de mis padres y maestros; a nadie mas le importaba. (ni siquiera a mí).

El primer pensamiento suicida fue a los quince años, cuando estaba en preparatoria, ya había escrito una novela y participado en un concurso de poesía, pero, me sentía inútil y vacío, generalmente, yo estaba solo en casa. Algunos pensaron que era típico de la adolescencia, otros se mantuvieron ignorantes. Mas tarde una clínica diagnosticó DISTIMIA. Otros propugnaron por la idea que era un trastorno depresivo crónico, pero pocos tomaron en serio los síntomas, así que tuve que fingir en frente de todos que todo era producto de la adolescencia. Quizá con esa idea dejarían de adivinar. Quince días después volvía a pensar que quería morir ese año. Y así sucesivamente las ideas de muerte eran recurrentes.

Me corté los brazos con una navaja. Nunca fueron cortes profundos, alguna vez lo deseaba... algo me lo impidió y sigo aquí. Pude disimular los cortes siempre, además porque mis padres nunca estaban en casa. Yo entonces dormía mucho. Estaba sólo. Seguía sin amigos, al menos amigos tangibles no los tenía, unos cuantos por correspondencia, que dejaron de escribir después. Seguía sólo... y con los brazos heridos.

Una trastorno obsesivo compulsivo, acompañado de una depresión a veces profunda a veces no tanto, es el resultado de mi enfermedad, analgésicos y citalopram, ya debería estar acostumbrado a todos mis síntomas, pero no me acostumbro, espero los otros síntomas desconocidos que vendrán.

Pienso algún día en la magia que llegue a menguar todo el dolor.

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© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.
 
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