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[grazie]

Gracias a ti, porque me hiciste más fuerte, tu dolor que me infringiste me hizo inmune. Finalmente, fuiste mi bálsamo y mi cura. Gracias a ti, me hiciste vencer los obstáculos que se me presentaron, y esos mismos muros que tuve que saltar cuando no podía volar, cuando cargaba tu cruz.

Gracias, porque me hiciste llorar y al derramar mis lágrimas, me hiciste diluir la tristeza en su camino. Hasta que ya no tuve una gota que derramar, me quedé a conquistar la alegría que anidaba mi frente, pero que me cegaba el desconsuelo.

Gracias por enseñarme el modo de ser cruel, de ser maldita, y estar enferma; eso me hizo sentir compasión por mis semejantes menos afortunados.

Gracias, por lanzarme a la jauría a mitad de la intemperie donde se caza un venado, como en un cuadro de Frida Kahlo, donde un venado asaetado por unas cuantas flechas, hicieron herirme, pero esas heridas en mi cuerpo, me cobijaron el alma que estaba descompuesta.

Gracias, por clavarme esa malicia, cuando mi espalda desnuda se mostraba indefensa, porque eso me hizo proteger mi pecho. El cual sólo abrigaba un calor discreto que pudo quemarte. Pero aprendí a sanar rápidamente, porque tus espinas celaron mis ruinas.

Gracias, por arruinarme, porque las ruinas que dejaste en mí, me convirtieron en patrimonio de la humanidad. Y tú seguirás arruinada; nada más. Con las piernas abiertas, rota, descocida, casi muerta.

Gracias, por esas críticas como espinas duramente insertadas en mi ano. Siempre supe que tú eras un dolor en el ano. Eres como ese desecho que sale del ano. Eres como una espina en el ano, y no puedo quitar. Eres como una infección venérea. Eres como eso que debe arrojarse al excusado.
Puedo agradecerte otras miles de cosas; que me hayas consentido tanto, que tu sinceridad me haya deslumbrado en pleno verano, puedo agradecer tu ligera inversión en todas esas cosas lujosas que compraste para mí. El lujoso penthouse, el carísimo coche a la puerta de mi casa siempre que necesitaba salir, la comida que me cocinabas de la alta gastronomía, los lujos que me diste todo el tiempo, los felices momentos cuando preferías pasarlos conmigo que con tu familia en Querétaro; esas tantas noches que nunca me dejaste solo, como eras de empalagosa, y ese boleto en primera clase, gracias por todo eso, y por tu amor sincero. Y esta risa sarcástica por todas las mentiras. (sarcasmo).

Gracias a tus amigos… ah, NO TIENES AMIGOS. Gracias por haberme arrojado a las brasas, sin un ápice de miedo, caí de rodillas y me arrastré sobre ellas, fue un momento que pude soportar todo, hoy, tengo cicatrices que no duelen, ya no volverán a abrirse, se van cerrado, a diferencia de tus heridas que son ficciones, y que no han sanado.

Gracias, por todas esas putas que pude pagar, pero tú saliste más barata.

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