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[mi crónica]

Llegué a la gran ciudad con la esperanza arraigada, más que la fe, empecé buscando el sol dónde sólo había oscuridad, pero mis ojos querían ver tranquilidad, percibir la claridad de la luna; en los abyectos deseos.

Trabajé en lugares sombríos, en la miseria humana, donde sólo había ruina, y el progreso no era conocido, ahí residí, entre la miseria, que me contagió, me hizo inhumano, me hizo miserable, comprendí que ese no era mi destino, y busqué entre mis ruinas, mi esperanza derruida y podrida entre tanta mediocridad. Yo aspiraba a más cosas, y caí en lo más bajo, pudiendo tener aspiraciones altas, pero en ese momento no había ninguna. Sólo residían ruinas. Tomé mi esperanza que había arrojado, y la pulí, le dí brillo y alumbró de nuevo mi camino, después de sentirme derrotado y fracasado en un empleo... que me dejó en crisis existencial.

Entonces tomé todo lo que tenía de valor y atrevimiento, y fui a buscar la felicidad. Pero sólo encontré negativas. El dinero se terminó. Mi renta se venció. Justo cuando comenzaba a atreverme a regenerar mi esperanza abatida. Pero, nunca estuve derrotado, entonces me mudé, donde pude habitar por quince días, mientras me mudaba nuevamente a otro lugar definitivo. Viví unos meses rodeado de bares, aliento alcohólico que se colaba por mis ventanas, disparos que atravesaban las ventanas, y ruidos de respiraciones aceleradas, cuerpos ebrios tirados en la banqueta sin poder moverse. Yo me mantenía despierto, mientras escribía. Mientras idealizaba mi vida perfecta.

Me mudé, después de haber dormido en la calle esa noche, porque la dueña, no quiso que le pagara la renta, le importaba más mi supuesta actitud, cuando nunca llegó a conocerme realmente; tuve que irme, y dormir en la calle, tuve que buscar la comida de los restaurantes que sobraban, para poder comer, porque no podía comprar ni una botella de agua, entonces, me enfadé, no podía alcanzar ese sueño, pretendía perderme, morir en el intento, suicidarme de desesperación, pero entonces llegó la oportunidad, un empleo simple, que me dio algunos ingresos para seguir adelante, a veces ya no tenía que comer sobras de restaurantes, ni buscar botellas de agua abandonadas, o pedir una porción de comida a quien parecía sobrarle un bocado. Llegué a un punto culminante... supe que podía lograr las aspiraciones.
Supe que debía sufrir para valorar el esfuerzo...

Llegó la entrevista de trabajo en un despacho... y no la pasé. Entonces, comprendí, que debía recomenzar con mi estudio, como si fuera la primera vez, o abandonarlo para siempre, después de cuatro años de carrera. Llegó la oportunidad de trabajar en una revista. Llegó la solución a mi vida errante, mientras, conseguía un lugar donde habitar, vivo en un cuarto prestado, duermo, como, agua caliente, y demás servicios.

Ahora estudio para aspirar a mi sueño.
Escribo para alcanzar mi sueño.
Trabajo para conseguir los demás sueños posibles.

Es lo que tengo que soportar por un sueño que he concebido desde la infancia. Y nada va a detenerme, ni el hambre, ni el letargo, ni el miedo, ni alguna otra contradicción que quiera alejarme de mi aspiración latente. Estoy aquí en el Distrito, aquí donde quiero estar, ahora voy a luchar por lo que quiero conseguir.
...la tempestad sólo me hará tomar fuerza para avanzar...

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