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[manual de lo prohibido]

Era prohibida tu mirada, tus arrogantes floreos que tu lengua hacían en verso a mi pluma, y ese balance delicado, que me tentaba con la elegancia de un cisne, a mi hosca y amarga impresión.

Fui proscrito al contacto de tu mejilla. A hurtar aprendí, transgrediendo los linderos de tus labios, que fueron ajenos. Esos límites que me llevaron al exilio, al injusto destierro, si era por tu sonrisa que yo me rendía, aún siendo distante, un amante desterrado de su propio apego.

Y tu miramiento me hizo invulnerable, para transigir toda impiedad que entre tu boca y mi boca... aún estaban por perpetrar. Así puedo consumar mis delitos en tus labios, que son el mismo motivo, por el cual venero con admiración, y rapto con malicia.

La ambivalencia que habita en tu boca, de ser prohibida y permitida. Me hizo adicto.

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