[el fantasma del metrobus]

Estaba sentado al sol, deslucido, acribillado por las personas que pasaban a su lado; con cierto desdén, afuera de la estación Dr. Gálvez de la línea 1 del metrobus.
Tenía la barba canosa, roída, sucia y despeinada, su pelo emulaba esa misma condición, parecía no haber sido lavado, sus cicatrices lucían como distintivos únicos, aún herido, intentaba sanarse limpiando sus heridas, su cuerpo deteriorado, por una condición ajena, por un misterio que no podía descifrar. Su piel quemada por el sol. Contemplaba sus ojos, castaños claros, a punto de mirarme, a punto del desaliento, del conformismo o de la incertidumbre, en sus ojos no había esperanza, no tenía nada a lo cual anclarse.
Vestía un pants roto, una sudadera a la mitad, dejaba ver su estómago deteriorado en la misma medida. Sus tenis sucios llenos de agujeros. Desde la cadera hasta el tobillo, le arrastraba un pantalón roído rasgado de los costados, le cubrían la parte más privada.
Estaba sentado, frente a la estación Dr. Gálvez.
Cada vez que suelo mirar indigentes, vagabundos, adictos o ebrios, en condiciones desfavorables, me asalta la duda.
¿Qué los habrá llevado a esa miseria?
Habrán sido grandes inventores, que fueron despojados de sus inventos y talento, y se refugiaron en el alcohol o las drogas hasta terminar en ese abismo.
Quizá eran exitosos, sufrieron una decepción amorosa, y se internaron en el vicio del alcohol hasta perder todas sus cosas materiales, su familia, su trabajo, su dignidad, todo aquello que poseían.
Pudieron haber sido ricos herederos de una gran fortuna, que obtuvieron al morir unos parientes, y siendo aún jóvenes, no tuvieron la responsabilidad de administrar esos bienes, llegando a dilapidarlos hasta darse cuenta un día, que ya no tenían absolutamente nada, ni siquiera conocían la manera de volver a casa.
Quizá, como en un cuento, fueron adiestrados en campos militares, para ser los mejores guerreros, valientes, un día, al perder la guerra y el honor fueron desterrados de la academia, y debido a los medicamentos, sufrieron amnesia temporal sin poder ser tratada debidamente, ahora vaga por las calles desconociendo su destino y su origen, en su hogar, lo consideran muerto o desaparecido.
Posiblemente, fue despojado de todo, por sus propios hijos o nietos, en tal despojo, fue vejado y humillado y decidió no volver la vista atrás y seguir adelante… a pesar de no querer continuar.
Pudo haber sido simplemente un adicto… y esa era su finalidad, ser un errante, sin destino, sin voz, con nada. Nada, absolutamente nada.

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