[a ella]

¿Cómo decirle a ella, que tiene una alta estima en mi vida?

Que ha sido desde ese día que me hipnotizó su sonrisa, en la que fui cautivado por su mirada, por sus pequeños ojos, con un arrobamiento inmenso.

¿Qué ha sido de ella? De su cuerpo ingenuo bordeando los límites de lo perverso. De sus labios palpitantes en los míos, aún sin haberlos tentado. De esa boca que besó la orilla de una botella de licor. De esa admiración repentina que me cedió ante su apostura. Y que no tuve la gallardía de aventurarme a encumbrarla de elogios, encomios que fueran dulces ante su tacto, halagos que delectaran como caricias su inanidad. Como sus palabras fueron carburantes que hicieron avivar el fuego. Fueron definitivas las palabras que se plegaron a mí, que endulzaron mi oído, que cautivaron mi respiración, que se adueñaron de mí, y me hicieron culpable del destierro de su mirada, de sus labios, de su piel, sólo quedaba el recuerdo en ruinas, que se fue fragmentando, permanecía el vacío desde su ausencia, y su número de teléfono guardado en mi celular.

Ella ya no estaba.
Se había marchado con la estima que yo le profesaba.
Pero era muy azuzado, predicar con mi candor, algo tan obsceno como un embelesamiento espontáneo, humano y perfecto.
Que devuelva las estaciones del año cuando regrese, para que haya transcurrido el tiempo, y pueda entonces declararle mi alta estima que atesoro en mi pecho, y los caros recuerdos que reavivo con sus palabras al fuego.
Soportaré esta cobardía. Y negaré que me gustas, verdaderamente, como ninguna otra.

[así es mi vida]

Mi vida se relaciona con conceptos que otra gente no comprende, me desgasto en horas de trabajo dentro de una oficina.
Esas mismas personas conformistas. Me preguntan ¿Porqué te gastas tu tiempo en defender y darle voz a los animales?
Otros me dicen que protestar contra los taurinos, no me traerá ningún beneficio. Que sólo estoy perdiendo mi tiempo.
Y casi la mayoría de la gente, me dice que al ser vegetariano/vegano estoy dejando proteínas importantes, y se van con la idea estúpida que sólo como pasto.
Algunos insisten que debería dejar de tomar. Para ellos no tengo ningún argumento.
También me critican por dedicarme a escribir. Cuando podría hacer otras cosas.

Pero así es mi vida, es la vida que quiero.
Porque no soy conformista, no soy derrotista.
Y gracias a ello, he conocido que la lucha no sólo es mía, si no de otras personas que se unen y hacemos una gran voz, poderosa, sustanciosa, imposible de callar, y que sólo demuestra una cosa, aquellos que nos miran con extrañeza es porque han caído en el conformismo y la ignorancia y los medios los han cegado pensando que hacen lo correcto al no hacer nada.

Sólo puedo decir, gracias A.S.L.A. por este día.
Y por todo lo que venga posteriormente.
La lucha es permanente.

Esta es mi vida...

[¡soledad!]

Tenías todo, un espíritu indomable, soledad enloquecedora, y un perpetuo deseo infatigable.

Habías alcanzado a mitigar esas penas, con litros de alcohol, habías amado a esa mujer con pequeñas dosis de sinceridad; te habías encontrado en el punto culminante de tus decisiones, y entonces, habías decidido dejarlo todo, todo lo que poseías.

Llegaste, con dos maletas repletas de sueños y de ropa, tú único refugio y posesión. Destapaste tu laptop de donde la habías cubierto, era la herramienta que te llevaría a la gloria.

Una maleta de sueños, que se fueron desvaneciendo. Y un amor que se fue violentando. Ya no eras el mismo. Algo había muerto en ti, habías renacido, posterior a aquella muerte. Te arrojaste al fuego con el que calentabas tu alma, se había quemado por el odio.

Y vino la reacción calórica, una fase de oscuridad, que incendió todo... sólo quedaron cenizas, tuviste que recogerlas. Y comenzar de nuevo, mirar de frente, suspirar, y sonreír, cuando no tenías nada, sólo un vacío. Regresaste todo a la maleta, y abandonaste las ruinas.

Todo comenzó lento. Quemándose vivo. Abrasando como el fuego arde en las brasas.


Regresaste al lado de ella, glorioso, adicto, pleno de miseria y abandono. Pero estaba esperándote, arraigada a esa única locura que le daba esperanza, como a ti. Ya habías perdido la fe. Habías vuelto para permanecer con ella, con tu eterna e inspiradora soledad. ¡Oh soledad!, gritaste, y mandaste todo a la mierda.

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© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.
 
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