[el recuento]

MI PRIMER EMPLEO.
Pude encontrar un empleo en aquellas circunstancias en las que no tenía ningún conocimiento, en las que por muchas razones, me dejaron indefenso, temeroso, y casi agónico, por limitarme y frustrarme al no conseguir una verdadera realidad personal, pero estaba ahí sentado ante mi monitor, trabajando, posteriormente, vinieron los conflictos económicos, falta de dinero, y de un hogar, no tenía comida, no había belleza, aquella que todos miraban y yo sentía la misera corromperme.

¿FUE AMOR A PRIMERA VISTA?
Finalmente, cedí a los abrazos, finalmente me plegué a los labios que me dieron vida y un diversidad de luces cada vez que los beso. Encontré entre mis pasiones derruidas, el ligero brillo de una dilección oculta, que fue generando consuelo, garbo y un profundo arraigo a ella, quien había sido un encuentro casual al que quise darle una dirección distinta, fue por conducto de un amigo, que ella llegó a mis brazos, que con posterioridad sus labios fueron los que me indujeron al delectante sabor de un mundo nuevo. Durante aquellas escapadas en que ella mentía a su marido para nuestros encuentros fugaces pero apasionados, luego vino la caída, el arrepentimiento, y su aroma se fue en el viento, sin volver a respirar su fragancia.

MI SEGUNDO EMPLEO.
Pude conseguir mi segundo empleo a pesar de mi desconocimiento total y absoluto, tuve esa oportunidad que pude saber llevar, aprovechar y a partir de entonces, no dejaría mi carrera. Aunque nunca tuve salario, pude hacerme de contactos, de nuevas armas para enfrentar mi vida.

ELLA ERA...
Seguían mis romances fugaces, de esos que sólo me daban felicidad primitiva, que se arraigaban hasta socavar el dolor, pero no podía completarme, bordeaba los límites de mi vacuidad y la amplificaba sin saber como reducirla, vino ella, luego otras más, que significaron algo, pero que no me dieron apoyo, no me otorgaron abrazos con la constancia que yo lo hacía, sólo bordeaban mis labios en un falso simbolismo social, para aparentar su afecto, pero no había nada, nada, después que sus ojos brillaban y me cautivaba dentro de ellos, volvía al inicio donde habitaba el vacío y la melancolía.

MI TERCER EMPLEO.
Llegué por fortuna a mi empleo con un buen salario, un buen horario, parecía un nuevo brillo, cada esfuerzo, aquellas noches de invierno sin una caricia, cobraban sentido, era todo mi esfuerzo el que me compensaba brevemente. Pero el gusto duró poco, me quedé sin empleo y sin hogar. La búsqueda sería la misma que me orillo a sentirme fracasado y rechazado.

LUEGO LLEGÓ ELLA.
Me dio calidez cada vez que miraba sus ojos, me dio seguridad al instante de acariciar su mano sin ningún recelo, me otorgó dulzura sin esperar de mí algo similar, pero ella no sabía que yo me rendía a todas sus exigencias, que su risa era la combustión que me hacía estremecer, que me saciaba, me daba su aliento en el momento más oportuno, y que al final sin precaución, me había anclado a todo su amor, a sus ojos, a su piel, a esa boca que me hizo adicto, y me dio la fortaleza de superar todo lo venidero. Me plegué a su olor, a sus labios, a su vida que me dio nueva vida, una visión mágica de lo que consideraba cotidiano, se transformó en algo extraño, ajeno... que me hizo feliz.

MI CUARTO EMPLEO.
Encontré el mejor empleo de mi vida, porque en él pude laborar completamente con mi carrera complementarla con mis actividades políticas, me dio seguridad económica y me hizo encontrarme a mí mismo. Encontré mi nuevo hogar, un amor perfecto, prolongado que me reanimó, vivificó completamente mi alma... y ahora me debato entre la gloria y el fracaso, de querer regresar a Tijuana por mi titulación. Porque sólo eso me falta para que mi vida sea aún más perfecta. Realmente no puedo quejarme de todo lo bueno que tuve este año, el próximo, será mejor, no por positivismo ni idealismo, si no porque mis proyectos los cumplo y todos pueden realizarse el siguiente año. No acostumbro a celebrarlo, pero, me dará la alegría y el impulso de reordenar mi mente y arrancar los proyectos que aún tengo previstos, pero ahora al lado de ella, que es toda mi vida.

MI RETORNO A TIJUANA.
...arribo a Tijuana, la ciudad que me dio vida, para no detenerme en lo que quiero realizar, vuelvo después de mas de un año, pero regresaré, porque el éxito me espera, y nunca nada me ha detenido, sólo yo mismo, estoy decidido a realizarme, a obtener todo lo que siempre soñé... sólo es cuestión de tiempo.

[mil estrellas en el infitnito]

Mi temor se hizo tangible. Cosas inimaginables, que fueron violentas, como olas que en una tempestad destierran las lágrimas a un mar en calma, y en ellas se vierte todo un dolor que contrista su esplendor; descomponiendo la calma.

No pude apaciguar la intranquila oleada que me llevó a los linderos de la húmeda arena, dónde reposaba con mi alma ataviada de deseos y sueños, sueños que complementaban los tuyos, han calmado su furor, su fuego interno que hacía arder los astros, tú que encendiste las teas infinitas en el cielo, MIL ESTRELLAS EN EL INFINITO, para que no lo olvides nunca, que fue la combustión que nos dio calor perpetuo, que tu mirada hizo contacto al primer miramiento, para sujetarme a la poesía que le rendías a cada una de las luces que contemplabas con admiración y encanto, con la fascinación con que yo te descubría en esa devoción, con la suprema dilección de tus brazos que me admitieron en tu calor, y a ese tacto me volví adicto, lírico para comprender tus miedos, tus silencios, tus fantasías, tus sueños, tus poesías que generaron requiebros, dulces requiebros de los que no pude despegarme, posteriormente, descubrí una belleza más intensa, más pulcra que la que cualquier pintor alguna vez retrató sin cegarse por la magnitud de esa belleza, eras tú, tu belleza me cegó pero tu inteligencia me dominó, como se domina un corcel de fuego en el carro de faetón, no pude controlar esa belleza que se internaba por mis párpados, sin evitar captarla con gran recelo, con una profunda pertenencia que alguna vez fuera mía.

Pero ella se fue, buscando las olas en un mar en calma, con la intranquila oleada que había venido arrastrando, por todos los miedos que me comieron, por los incontables latidos que fueron diluyendo el frío, esto que siempre había sido mi temple. Por los sobrados arrobos en mi piel que me dañaron y me dolieron, por una fuerza interna que fue divagando en otros brazos, brazos que me dañaron, que me quemaron, que sonrieron falsamente, y caí en el falso afecto.

Nunca encontré mejor predilección; y desconozco, porque se muestra esquiva, quisiera comprender mis miedos, mis errores y mis fracasos, y que fueran esquivos en mi vida, y encontrar la felicidad anhelada, que dejé fugarse, dejé escapar queriendo darle perpetuidad. Pero mañana todo renacerá de las cenizas. Hoy voy a arrojarme al fuego.

[ese beso]

Encerré en aquellos linderos de unos ojos pletóricos de frescor, de un ánimo vivo que me colmó de vitalidad. En aquellos labios rojos, sulfuro de un carmín Bugatti, que encendió la pasión diluyendo todas las cenizas que se removieron ante el fuego que prendió los recuerdos. Delicadamente su mano hizo sonrojar mi palidez. Percibía el viento frío arrobando mi piel aunada a la suya, como en un discreto calor que mutuamente nos revestía de un suave abrigo. Débilmente me acerqué a su cuerpo, temblando, en los brazos de aquella trémula anatomía, aún, con el aliento reposando en su mejilla, arrancando besos amargos de todo su pasado, y sembrando nuevas caricias que brotarían con el tiempo.
Respiré su aroma, la fragancia dulce que me hipnotizó, y lentamente, seguí el curso de su aliento que reposaba en mis labios, su boca fue vida.
Sentí sus labios finalmente desahogarse sobre los míos, prenderse de mi boca, entre diversas ternezas y derretirse en un solo fuego.
Ese beso cautivo en mi boca, esperaba la libertad en aquellos labios que besé, que se prendieron en la combustión de un calor íntimo y puro.
Fue tu boca al besarla lo que inició el fuego.
Ese beso fue vida. Fue fuego. Fue bálsamo y veneno.

[bella II]

Dime si alguna vez habitaste en el surrealismo.
Dónde los distantes astros se acercaron a tu boca a brindarte el fuego prometido.
Y en su delectante titilar se fundieron en tus labios en comunión con el viento.
Porque me he condenado a tu quehacer cotidiano,
A tu cuita contristada y lacerada que mi alma tan colmada de la tuya devora.

¿Podrías alguna vez, digna y delicadamente, embellecer los afeites de tu amargor?
Que son para mí padecimientos en mi cuidado,
Hondas laceraciones en mi alma,
Heridas profundas por falta de estima y dulzura.
Bella, íntimamente bella, a tu piel rindo elogios en millares de arrobos.
Codicio los longevos tactos que te palparon anteriores a los míos.

Recelo cada ornamento que besa tu piel, con detenimiento y arrojo.
En la infinita vaguedad de un destierro melifluo a la intemperie de tu boca.
Generadora de luz y calor en combustión de un ardor gentil
Que es el crimen que mi boca ha cometido por esa violencia de tus besos
Por hurtar tu fuego que profesa predilección imperiosa, fuliginosa, cálida y humana.

Enseñaste a arder las teas con fulgor y arrebato,
¿He de prendarme de aquellas luces más pálidas?
Que al rapto irascible del fuego que te consume,
Y que ardoroso asalto consumaría por hurtar el fuego de tu boca.
Amada Mariel. Bella Mariel.
Del fuego renació todo lo que se abrasó alguna vez.

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© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.
 
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