[...por vos muero I...]

El oleaje de un terciopelo encubierto por unas sábanas tibias que contenían tu calor, el aliento intenso, dándome un respiro a cada soplo, como luz matinal cada amanecer. Y tus brazos, blandos y cálidos en la sujeción de mis abrazos.

Esas caricias de tus manos, en comunión con el roce de tus labios que me colmaron de vida divina, de atávicos arreos destilando finura, con los que un beso te embiste y te engalana de tanta hermosura. Esa mirada provocadora de haberme embriagado con el fino contacto que tus ojos me dieron, que tu boca seductora fue la miel derramada que se destiló en el alivio predilecto de tus besos.

Fueron esas dunas que se extendieron en forma de bruma, era nuestro aliento en la brisa matutina, fue un aterciopelado encuentro entre su boca y mi boca retozando plácidamente, era el viento fino atravesando sus labios. Como dos flamígeras lunas que mutuamente quieren opacarse, encenderse y desnudarse en la lontananza.

… y todas esas risas que florecían en tu boca, fueron el dulzor que me hizo adicto, y esas ricas alboradas prendadas en tus párpados, me dieron el alba cada amanecer, así fue como inició el fuego, todo se fulminó con tu mirada…

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