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[aquello que se quedó entre líneas]

Todas tus mentiras me sabían a verdades.
Sabía que tu boca pintada de cobrizo tenía vertidas tantas falacias
Que tus besos eran hiel destilada que envenenaba.

Todos tus elogios eran artificios formulados por un poeta en un lienzo exacto
En un libro de hojas de otoño.
Y todas las mentiras las creí, pensé que eran verdades
A veces aparentaban realidad, eran dulces cortesías
Cortejos débiles que se abatían ante mis pies.

Tu lengua también mentía.
Nunca pude besar con tanto idealismo crédulo
Y recibir sólo dolor, miseria y un cariño artificial.

Todas eran puras mentiras, que siempre sabían a verdades.
En su boca alguna vez nacieron besos, yo sólo recibí ruinas,
De lo que alguien alguna vez destruyó sin recelo.

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