[basado en hechos reales II]

Ignoro cual fue su nombre anteriormente, que ropa vestía, como lucía; ahora simplemente, todos le llamaban “LOCA”, como en la antigua canción de los ochentas, veo su cabello quemado por el estío, su ropa rasgada por la sal de su mirada, como si el salitre hubiera comido su carne, como si en parte hubiera corrompido su infantil terno, y por otra parte hubiera infringido sus dolores y heridas. Cada tarde, mientras el sol provoca heridas, calor, pero un ardor casi deletéreo, se abalanza a los vehículos de una transitada avenida, con las arrugas revestidas de una profunda pena, ocultas entre unos ojos donde aún resta alegría, pero parece huir, como se va el sol cada atardecer. Su palpitar era más lento, como un compás de una triste sonata, extiende sus dedos secos y marchitos, para recibir una moneda, que le servirá para comprarse comida o un inhalante…
…en algún otro tiempo dicen, los que vieron a esa misma mujer en la cumbre de todas las admiraciones; alguna vez su ropa destilaba garbo y elegancia, la mejor elocuencia en el arte de la oratoria, supo convencer con confianza y ánimo, y su vitalidad era irreparable. ¿Qué fue de esa mujer?
Yace entre limosna y lástima en las calles de Tijuana… recordando que alguna vez, en otro tiempo dónde la luna celosa, envidiaba su belleza, fue atraída por el vicio y la droga, consumió su vida; y todo lo que había.

Algunas veces sueño con ella, y entre sueños me dice que se llama Ana, lo ignoro, no porque me repugna, si no porque me da sabiduría, para saber vencer los arrebatos que me ha dado esta vida disoluta.

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© Prince W. Cantodea

...y por si no te vuelvo a ver:
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
(Truman Show)