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[el laberinto de creta]

¿A dónde fuiste vida mía?
Que no te volví a ver, cuando se desgarró la misma herida que intentaba curar, siempre me han aquejado las mismas heridas. Vida. Esas que fueron alas en algún tiempo, sólo me fueron gratas por un fugaz capricho, que terminó fulminado en la arena, entre sangre y cera, lentamente, recogí los pedazos, eran trozos de todos los años que construí mis alas, ruinas de libertad que se habían quemado, amor del bueno, y tus labios palpitantes resonaban como aleteos de un ave cautiva que pretende aferrarse.

En otrora un tiempo de lluvia, calmó, el estío cálido y desértico, para convertirlo en una húmeda costa entre mar y arena. Entre mi fuerza y mi esperanza, algo habría de ocupar, no era río, no era mar, no era sueño, ni siquiera pude captar tus ojos de cielo. Ojos que se fueron apagando. Alguna vez pude volar, y me quedé anclado a la arena, ¿Para qué quiero alas? ¿Para qué quiero olas? Al final no sé a donde voy a caer.

Al final del día voy a morir, el sol me quemará, estaré impaciente. Se fundirá mi cuerpo que resta, porque mis alas, fueron fundidas en el aire, cuando quise escapar. Y cuenta Michael Ende: NADIE ES CAPAZ DE CALCULAR A QUÉ EXTREMOS PUEDE UNO LLEGAR CUANDO HA PERDIDO LA ESPERANZA.

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