[el síndrome de no ser nadie]

Todos me excluían, y me herían era el dardo de la burla, de la cruel ironía que yo no comprendía, a pesar de ser certero y casi mortal.
Era casi un payaso, fracasando en la empatía de las relaciones interpersonales, era el idealista con el síndrome de la derrota.
Al puro contacto, no era agradable, ni visto, ni temido, era parte de la muestra indiferente de la sociedad, a quien miran con extrañeza personas como yo, con la grandeza de la timidez.
No era el apasionado de las afecciones, de los malestares o dolores, ni aquel que con la tibieza de un abrazo o mirada sofocara el fuego de un interior recién quemado.
Nunca fui bálsamo, ni remedio, poco servía de consuelo ante el dolor o la pérdida, ante el delirio de una fiebre pasional, de un delirante botulismo.
Tampoco podía ofrecer aliento ante el desaliento, porque era incapaz de identificar esa emoción, en algún momento encontraría resquicios de esa vacuidad, o admitiría la complejidad de lo que rebosa; pero en ninguna circunstancia he podido brindar aliento.
Todos predicaban el más afectuoso y romántico verso en su lengua que adormecía mi oído, sin alterar mi nula entonación.
A veces esas miradas me acusaban de traición, pero era mi incapacidad de mirar sus ojos.
Dominar un hábito o seguir una rutina innecesaria, provoca en mi vida una continua reacción de soledad.
Suprimir aquellos tactos o gestos que a otros fascinan y determinan el grado de sensibilidad, porque ante una caricia yo busco la razón o la ciencia, como si encontrara en una metáfora un sentido formal y estricto.
A veces muchos niños de mi cuadra o del colegio me sometían a extraños cuestionamientos sobre mi comportamiento, decían éstos entre sonrisas, que era un bicho, un bicho extraño.
...y casi siempre me sentaba solo, mientras me rodeaba un halo de soledad y tristeza, y decidía jugar con las rocas del suelo, adivinando sus nombres, en mi incapacidad social, en mi deseo obsesivo compulsivo, me aferraba a un orden absurdo, que sobrevive hasta la fecha, mientras estaba solo, muchas complejidades eran sencillas, solo las debatía en mi mente, mientras ante el desconcierto del resto, era atacado seguramente, por un puñado de rocas, de jugos o tierra, mientras soltaban una carcajada, y sin mudar de semblante, cuestionaba su hilaridad repentina.
Nunca tuve respuestas... sólo rutinas, impulsos obsesivos compulsivos, y una nula respuesta emocional y social.
Esto soy yo... el ser nada y nadie.

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