[la guerra]

Cómo los ojos incapaces de desertar a la belleza de Helena, en el desierto de Troya al exilio de los Espartanos. Cómo nunca se abatió Paris ante el secuestro de la hermosa Reina de Esparta. Hasta el propio Dios Zeus, que se transformó en un alígero seductor para cautivar a Helena, un Dios cautivado por la belleza divina de una Reina.

Ni en el camino en el descenso al infierno ante los ojos embelesados de ebriedad por tanto amor, que en ellos se destilaba la finura, Dante no se decantó en el descenso y ascendió a las cumbres de la más alta estratosfera, acercándose a cada paso a la más alta admiración por obtener el dulce amor de su Beatriz.

Nunca como en aquella extrema blancura, de su rugosa piel, de los clamores de todo un centenar de experiencias marcadas en sus ceños, en dónde se posó la belleza arruinada, como sonrisas de Helena en detrimento, con un carisma que doblegó la belleza más radical y violenta, ante su canto cayó rendida la calandria.
Fue Janey Cutler, que a sus ochenta años se presentó a una audición de canto, en la que fue ovacionada de pie… En la vida como en la guerra, no hay que rendirse, hay que salir a luchar aunque fracases.

La guerra nunca está perdida, hasta que dejas de luchar.

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© Prince W. Cantodea

...y por si no te vuelvo a ver:
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
(Truman Show)