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Bella e imponderable criatura,

Los ojos soberbios que resplandecían como soberanas lunas encima de aquella comisura libre y hábil para engalanarlos, se han guarecido en el fondo de vuestros profundos párpados, los labios que se vuelven y besan la mañana empapada de brizna, se han enjugado en el principio de vuestro aliento.

Noble e inmortal criatura, que esta pompa aduladora avizore el contristado corazón que muere muchas veces por motivos menos importantes, que la muerte sea una especie de pasión enloquecedora, que al final sea la fina esencia del amor que reanime con la misma pena que ahora mata. Podría no haberos visto nunca llamar las lágrimas y suspiros que se confunden con las tempestades de los más procelosos mares, para tener la desdicha de conocer el daño que os causa, hubiera visto obra más maravillosa que aquella contemplativa que domeñó mi alegría.

Podría haber anticipado las tragedias de Esquilo en cada una de mis almas que han sido las mismas en número que dramas haya narrado, si las preciosas lenguas romances me habrían dictado la tragedia de vuestro amor en mis manos, os habría citado con la palabra, con el tiempo, con la eternidad que estaba en nuestros labios y en nuestros ojos, que nos buscaras pretexto en vuestra partida, sino que buscaras la sujeción que os atara a mi dicha, ninguna ausente riqueza contenía un sabor de cielo anticipado como nuestros labios afectos creando vida.

Sírvase ser indulgente con esta apatía que me gana, con esta ligereza que me embriaga, con este vicio infortunado, de ser el más apasionado por modelar vuestra mirada al encanto de los ojos que fueron alguna vez soberbios con la luz de la vida, de que vuestros recuerdos se hallaban en vuestra tierra, y que quise traer a la mía, decidme, bella hurí, si, ¿Habéis encontrado la vida de vuestros labios en otros afectos?.

A T E N T A M E N T E.

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