[llorona]

...y no se que tienen las flores del camposanto, 
llorona, 
que cuando las mueve el viento, 
llorona, 
parece que están llorando...

[H. Milk]

Se sentó a mirar el sol, la luz clara brotando entre las nubes; le dieron aliento y una vida, se conjugó en un indistinto sentido de humanidad a favor de todos y por todos, sin ninguna conmiseración o angustia insidiosa. Su cabello castaño quemándose al sol, tratando de hablar con cualquier persona que cruzaba a su lado, como un fantasma era ignorado, un perfecto discurso, conmovedor y sensible, encontró en sus palabras la excelencia de la oratoria sin ninguna formación política, sólo expresaba con tonalidades ardorosas, con frases atribuibles a un innumerable arrabal de emociones, su cabello largo, moviéndose al compás del viento. En un constante vaivén. Izquierda, derecha. Una mirada se cruzó interceptando aquellos ojos cálidos, esperanzadores, eran curativos, amorosos y con un dejo de fe, de sueños dulces y promisorios. Avanzaba hacia él, soportando la ciega fe. Algo dentro de él, cambió para siempre. A pesar de su primera negativa, se fue dejando en sus labios un pequeño vaho de amor y cariño. Él, homosexual, afectuoso y de apariencia desgarbada, emprendió el largo viaje al convencionalismo, a un futuro social que parecía predestinado a sí mismo. Una tarde salió de su casa sin discursos, con un profundo amor por todo, y decidió que si algo debía y quería cambiar, debería empezar por sí, su apariencia se transformó, ya no era un fantasma, la gente lo miraba, lo escuchaba, lo seguía, era la voz de todos los que callaban como él, en algún momento calló, y rompió el silencio. Le dio voz a homosexuales, lesbianas, a todas esas minorías que como ellos fueron intimidados, discriminados y acusados de ser opuestos a Dios, el temible Dios que el hombre ha creado para infundir miedo, para promover el rencor y la falsa moral. Tres años después, y después de varias elecciones perdidas, logró conseguir la mayoría en las elecciones para representar al Distrito V, correspondiente a San Francisco, un sueño plausible, logró la meta de un proyecto que parecía inalcanzable, ahora, las minorías lograron conformar la mayoría más importante. Una tarde en su oficina se quedó a mirar el sol, cayendo detrás del horizonte, mientras una bala le atravesaba el cráneo. A su funeral sólo asistieron tres personas, el resto, salió a las calles a encenderle una vela en su nombre. La principal avenida cubierta de tantas lágrimas, de un recuerdo perdurable al saber que si uno lucha por un sueño, éste, trasciende; porque la gente valora el empeño, se valora el mérito, y el espíritu indomable. 


A la memoria de Harvey Milk.

[sin título I]

Todo era tan brillante y alegre 
Como las estrellas del firmamento,
Que brillaron en la oscuridad

Desde que tus ojos me buscaron.

[un juguete de la fortuna]

Eres un juguete, una decadencia, como aquellas ruinas que en algún paraje solitario fueron derruidas y luego abandonadas.
Eres un juguete, sin ventura, como aquellos desiertos a mitad de la noche queriendo incendiarse pero se entristecen con la noche y se escarchan ante el sol ausente.
Eres un juguete, un anticuado juguete que ya nadie utiliza, ni siquiera por costumbre o lástima, sólo te buscan por el impulso de un ambiguo deseo, por un constante delirio que inflama tu sangre y acelera tu pulso, eres una triste marioneta, sin cuerdas y con un guión no aprendido.
Eres un juguete de la fortuna, que te usa para sus fines, crees firme y ciegamente, que tú eres el instrumento de aquella estrella.
Eres un payaso titilante en la carencia de sus colores y sus tintes, un mimo sin pantomima. Eres la dulce malicia, el propio veneno que sulfura tu lengua cada vez que arengas, a cada tacto de tus ideas.
Eres la lumbre de un fuego extinto, irracionalmente, ahora buscas un tenue calor al cual asirte, pero tú has hecho de todo fuego un montón de leños secos y carbonizados.
¿A dónde ha ido tu calor?
¿Qué ha sido de aquel juego que parecías dominar?

Sólo eres un juguete de la fortuna. Un conjunto de mentiras que conducen a la soledad y la miseria. Un juguete de la fortuna. Eres sólo un juguete de la fortuna, sin fortuna, ni ventura, sin amor, sin odio, sin dulzura, ni frialdad, sin temor, ni arrojo, sin dolor, sin emoción, sin color, sin indiferencia.
El azul es dañino.

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© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.
 
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