[la materia de los sueños: el principio]

Cada sueño que tuve desde la infancia desde veterinario, hasta escritor, madurar consiste en dejar esos sueños.

En mi infancia creía en las flores que crecen sólo en el campo verde, al madurar me di cuenta que en el verdor, puede pudrirse la más dulce flor sin ningún rechazo.

Muchas veces pensé que sería el ideal superior, el ícono de la literatura, porque, en tantas letras me perdí y me exilié en la ampulosa necesidad de ser creador.

Fui un infante en un mundo de adultos, con imaginación sorteaba los problemas, con creatividad creía que cambiaría el mundo, madurar consiste en entender que has perdido la habilidad para entender esa magia.

A veces sueño esas gloriosas cumbres de mis ideas, tratando de aferrarme a los sueños, a las ideaciones cómicas de mis tragedias, y creando a partir de ellas, protagonistas femeninos que al final se alejan también de mí, como en mi vida todos lo hacen.

¿Dónde ha quedado aquella vida en la que era capaz de soñar?

De cada sueño destrozado germinó una nueva idea... y cada año siempre ha sido igual. Parece que este nuevo año, tendré que dejar morir ideas viejas, y generar nuevas, porque este año, es el primero de cosechar los éxitos, después de tantos fracasos.

Después de tantos años de soñar anticipadamente, este año decido comenzar a materializar los sueños, esos que pueden tocarse con las manos.

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