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[adulatorio I]

Podría compararte con un ordinario alborecer, compararte con los cantares anónimos que hacen menguar la luna, por este agreste galanteo entre mi verso y tu prosa.

Compararte, ¿Para qué? Si ante ese suave plumón que te elogia no existe parangón, si mi ingenio es insuficiente para describir la pugna entre dos labios que mutuamente quieren triunfar entre si y acallar esta atribulada razón, que no puede replicar contra mi juicio.

Compararte, con esa flora que el alba enriquece, no podría contrastar belleza ni denostar el único alborozo que es dulce y divino, como esa gracia que tienen tus labios de ser aduladores y hostiles.

Podría compararte con el más cálido y templado amanecer, pero ninguna comparación lírica superará la belleza que te rinde inclinación, esa devoción de los mares por ser más intrépidos, la fragante belleza de las flores por envidiar tu belleza, esa majestuosa cumbre donde primero se posa la brisa, pero ni todos los matices poéticos captarían la hermosura que he visto, cuyos ojos idílicos también me han mirado. Y desde entonces, en cada florecimiento de marzo recuerdo tus ojos idolatrando el campo, y esa sonrisa en la que contemplo una porción del cielo.

Para: Angie Daniela Lozano
Marzo © 2013

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