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[una muñeca]

Leonor tomó su mano y en ella acogió todas las esperanzas que se fueron diluyendo, en sus labios entreabiertos, sólo había humo y aliento, el vapor se disipaba rápidamente, colocó a su pequeña inmóvil, en el sofá, un pequeño aditamento especialmente para ella, ella tenía una fisonomía extraordinaria. La estrechó mano con mano, como si no quisiera que se marchara, sabia que no podría irse, pero a Leonor le daba felicidad sentir la piel que tanto cuidó desde su nacimiento. Leonor fue a la cocina, derramó lágrimas lejos de la figura de su hija, intentando brotar alegría y un poco de tristeza al mismo tiempo. Parecía más a amargura, a fe, a sueño, a deseo implacable. Cada cinco minutos volvía a mirar el sofá asegurándose que su pequeña permanecía ahí, ella, Leonor, le hablaba, pero su pequeña jamás contestaba, siempre absorta y perdida, miraba los focos, las luces, permanecía inmóvil, a Leonor le gustaba ver a su hija, era fruto de un gran amor, de la lucha constante por triunfar, soñaba con que su pequeña llegara a esas cumbres inexploradas, en sus planes futuros su pequeña hija, era exitosa, profundamente orgullosa de sus sueños e ilusiones que se creaba cada noche, como si el hecho de crearlos e imaginarlos, fueran materializándose en la mente de su hija. Avanzada la noche cuando el sueño las derrumba, suben a su habitación, colorean estrellas en los sueños, Leonor, piensa en lo que sueña su pequeña, se lo imagina, y le habla dolorosamente, bellamente, de nuevo toma su mano para quedarse dormida, su cabeza reposando en la almohada y mirando, la tenue respiración de su hija que la arrulla, la hace soñar con la posibilidad de amanecer entre sueños. Al día siguiente, la rutina se completa, se prepara el desayuno, besa a su hija en la frente, y espera en la banqueta que llegue el abuelo para ayudarle con los cuidados, Leonor debe ir a trabajar. Pero antes de marcharse, toma de nuevo su mano, y le dice a su hija, que es lo mejor de su vida. Y se aleja sonriendo. Cualquiera que valore tanto la vida con tantos obstáculos, es porque realmente tiene amor, amor en demasía para soportar todos los dolores y conflictos y convertirlos en luz y sabiduría. Leonor, tiene una hija con Síndrome de Rett, ella te dirá, que dejes de quejarte por lo que no tienes... Y así una lección de vida mas.

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