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[alegoría]

Admiro a todas esas personas que no entiendo, que son maravillosas en hacer creer, en decepcionar, tienen mucho valor para el cinismo, para mentir y mentir y ser admiradas por mentir, quizá, una fuente de creatividad motivada y fundada que no entiendo.
Admiro a mucha gente por decepcionar fácilmente, aunque yo también he decepcionado, pero por las expectativas de lo que no soy, quizá soy arrogante por mi sinceridad, pero no tolero la hipocresía, y prefiero no ser como ellos. Admiro a sus hijos, maravillados por la compasión o la incertidumbre, alimentando en ellos el placer malsano de la víctima, de lo que no fueron y ellos, forzosamente, deben ser sin opinión, arbitrariamente.
Esas personas que se van de tu vida, y luego reaparecen, quienes expresan sus sentimientos ampliamente, y luego parecen congelarse, cuando ardían floridamente por los elogios y adulaciones. Yo no quiero el halago perpetuo, ni siquiera lo busco, y no quiero ser la opción de nadie, prefiero la soledad, porque me sigue maravillando la naturaleza humana, tan inhumana.
A veces no se que hacer, ni que escribir. Ojalá fuera más sencillo con todas las cosas que detesto rodeándome... pero siempre hay algo más brillante que me impide hacerlo, y entonces creo que hay una esperanza, aunque todo esté muerto. Se llama alegoría.

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