[desfragmentación]

Es sólo estupidez, quizá mala suerte, ventura que no es azar, una tempestad violenta que me arrebata de un suspiro todo lo que construí con aliento y casi desfalleciendo. Dicen, que las cosas a veces no se dan por una razón, aunque las fuerces, aunque luches por algo, no es tu tiempo ni tu momento, el universo y las leyes naturales se mueven de alguna manera que cuando no se acomodan en tu favor, todo lo vuelven en contra tuya, ahora no era mi momento, aunque estaba feliz porque había llegado, pero la felicidad bien dicen, es imprevista, es momentánea, no puedes confiar en la felicidad, cuando es tan repentina. Algo no está bien, no se, tal vez fue mi error, cálculo equivocado, interpretación errónea, ubicación ficticia, una memoria pródiga en tanta fantasía que mi realidad está hecha mierda.

Si te pierdo, lamentaré el error, porqué en nada se compensará la conexión entre tú y yo.
Yo que tenía que darte cuatro cosas:
1. Prometo siempre cuidarte.
2. Prometo siempre ayudarte.
3. Prometo siempre quererte.
4. Prometo nunca fallarte.

Pero agradezco la grata sorpresa de haberte encontrado casualmente en mi vida sin sentido.

[diario de un escritor en estado de ebriedad IV]

Soy un arrogante, lo se, manipulador maquiavélico y sarcástico.

Ostento la piel ingrata de quien muere muchas veces antes de la muerte definitiva. Soy adicto al sabor de las botellas, a los besos de whisky sobre un vaso de plástico. Ebrio y podrido. Me gustan las caricias de la sábana blanca olor a cloro y aromatizante. Soy hábil para echar a perder lo mejor. Y no se porque sólo me refugio en el alcohol destruyendo mis días en delirios de grandeza e ideales vacíos. Enamorado de aquella mujer indecente, de aquella mujer que me ignora, del fruto de sus labios prohibido, pero que me inspira a escribirle, aunque no sea digno de su alborada, porque soy el ocaso en sus ojos.

Soy inmoral y afecto a la perdición. Un despojo. Ruina. Amargo. Siempre una contradicción, entre la belleza y lo grotesco, dejando amor en cada hotel, con lo poco que me queda de corazón, al mirar la lluvia como aquilata la herida, y como los párpados se adormecen sin ningún sentido, creo que he vuelto a caer ebrio seducido por una falsa musa que ha huido con el don que alguna vez tuve. Te hice inmortal muchas veces, y me diste una sola muerte.

Sólo sé, que no tengo remedio.
Aunque tampoco he buscado remedio.

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