[juguete]

Te conocí cuando caía el sol sobre los brazos quemados, y a punto de deslumbrarse por la luna. Te gustaba la luna y los murciélagos. Pero tu inestabilidad nos hizo alejarnos.
Porque estas tan sola, que pedías a mi soledad que se sumara a la tuya. Yo no encontraba queja alguna en tu decisión, pero tampoco placer. Disfruté esos momentos de tu risa y tu conversación que a veces no llevaba a ningún lado, tu sueño y tu deseo de ser independiente, así como de tus miedos constantes, cuando estabas completa y feliz; yo era quien se sentía miserable, luego era a la inversa en tu miseria, pretendía que te hiciera feliz, aprovechando mi deseo desmesurado de estar siempre para ti a todas horas, aunque yo sabía que eras temporal, que eras por tiempos, y en algunas ocasiones pasabas semanas sin dirigirme la palabra, te desconectabas del mundo, y yo, colmado de angustia por no saber de ti, entendiendo tu inestabilidad.
Siempre fui tu juego, unido al destino y la fortuna, que siempre me hizo desgraciado por creerte feliz, en los pocos momentos que tuviste a mi lado, quizá sólo nos unió el momento repentino, tu soledad y la mía se encontraron, quizá sólo fue eso. No hubo nada más, lo demás lo soñamos, pero ahora estamos despiertos, y no se que fuiste en mi vida.

Hubieras sido todo para mí, pero elegiste la soledad y la nada.

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© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.
 
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