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[l'âge d'or]

[INTRODUCCIÓN] Quería mirarte a los ojos, tus ojos ponderados y altivos, para acercarme al exilio completo.

[PRIMER ACTO] Ahí estabas, fascinada por los colores y las luces ambiguas que causaban un tropel de emociones internas, estallando en júbilo por periodos, eran orgásmicos los placeres, el más ligero era comparado con el despertar entre un montón de focos ardiendo a tu alrededor, querías cubrirte de nubes, salvajes y primitivas, con un poco de urbanidad. Todo te falló, no estaba en nuestros planes fallar. Creíste en la idea de la eternidad, pero no fuimos hechos de materia, éramos biodegradables llenos de recuerdos atormentados, eras de todas mis tragedias mi víctima y protagonista favorita, hasta te llegué a idolatrar, pero no fue veneración, era una necesidad, complementar todos mis vacíos con tus vacíos, y de nada sirvió porque nos fuimos matando, intensamente, insistentemente, como dos locos que mutuamente quieren triunfar. Eras reina y celestina, fuiste amante y amiga, a quien traté con vileza, con la mayor bajeza, pero de arrepentimientos yo no conozco, aunque admiré tu dulzura y dedicación, con el tiempo eso fue lo que también llegué a detestar, era ingenua, compasiva, pero eras cruenta con tu propia imagen, autodestructiva, y esa vileza sinceramente, me hace odiarte, no se que detesto más de ti, si esa actuación de moral inquebrantable, que mezclabas con toques de rebeldía, todo muy preciso y con muchos clichés, eras la bonita de la cuadra, la que terminaría en maridaje de algún marinero sin puerto, que te iba a enamorar con cartas cada mes, con flores en cada aniversario, que no olvidara las fechas ni los cumpleaños, que realmente le importaras, es que no me importabas, era más mi deseo de sentirme complementado, pero ese complemento, era una ficción más, una ficción muy amarga, que a veces me embriagaba. Pero ninguna embriaguez fue comparada con los mareos, ese sentimiento de pertenecer, de voltear a mi interior y ver que estaba más completo sin ti, y contigo, contigo fue sentirme vacío e incompleto, porque detestaba sentirme con esa necesidad de no ser alguien, como el que fui antes de llegar a verme en tus ojos, y que ese mundo maravilloso que tenía rodeado de miseria y soledad, fuera más perfecto y hermoso, al mundo que fuiste tejiendo para mí, de complacencia y ridiculeces, y no es que te odie por lo que eres, quizá sólo te odio por lo que quisiste que fuera, pero ahora te oculto y te guardo de la majestuosidad de mis pensamientos. Ya no te he vuelto a ver, y eso es gratificante, desde la última vez que te recuerdo molesta y cansada por mi desconfianza, y ¿cómo no desconfiar de ti? si siempre fuiste buena actriz, cuando dejabas de llorar, no sabía si consolarte o aplaudirte.

[SEGUNDO ACTO] Ahí estaba yo, frente a ti, el misterioso tuyo, la parte más destructiva de lo que fue un amor puro y discreto, como el calor del fuego naciente y consumido, era el más confuso, el más improbable de enamorarme, y aquellas risas no fueron fingidas, pero fue una batalla constante por detener la malicia que habita en mi interior, y si, laceraba con demasiada dulzura que descartabas que fuera a causarte daño, cuando te hacía mal, en cada palabra y cada tacto, esas formas de congeniar, las diversas posturas de tu amor y mi amor, el sexo estallando en delirios grotescos y fascinantes, toda la morbosidad en una belleza encantadora, tu cuerpo danzante, y tus labios con tanta expresividad que no podía controlar con mi boca seca y árida, por eso te desterré, dejé de besarte, porque no tenía nada que darte, nunca lo tuve, sin embargo nunca supe que hacía ahí intentando enamorarme, y tú, permitiendo mis ficciones. A veces me pregunto ¿Cuál fue ese misterio? Porque fuimos los mejores actores, actuando a no necesitarnos, a desinteresarnos, creo que fui un gran actor, porque mis mentiras fueron mejores, sabes mentir muy bien, se me terminó el parlamento, ya no tengo ninguna línea memorizada, todo fue improvisado, y no supe hacerlo mejor, aquí están todas las luces que te prometí, nunca me las llevé, te quité los algodones y los colores que amabas, todo eso sabes que siempre me ha repugnado, tu estilizado amor juvenil, fue lo que me hice más repulsivo, y no encuentro todavía como curarme del mal que causaste en mí, porque eso de ser tierno, amoroso y atento me sigue resultando complicado, pero no puedes negar, que supe hacerlo muy bien, yo también me merezco un aplauso.

[EPÍLOGO]Los dos estamos frente a frente, quizá es la ultima vez que podremos vernos, no lo sé, hace mucho frío, y parece congelarse el tiempo, quisiera que no hubiera sido todo una mentira, la verdad, es que, sólo no quería estar sólo, y no busco tu perdón ni la redención moral, no espero la catársis, no deseo tu muerte, quiero saber que estabas pensando, cuando aquella noche, todas tus lágrimas ficticias y reales, brotaban despacio encima de mi ropa, recuerdo que estabas desconsolada, y yo molesto por mi traje lleno de tu llanto, te dije seriamente, que ya no sentía ningún afecto por ti, fue liberación emocional, pues no tenía ataduras, tú seguiste insistiendo, pero realmente yo; estaba asqueado queriendo escupir todo el amor, pero ni eso había en mí. Seguiste llorando por semanas, yo me alejé y tu te ibas y volvías, yo seguí siendo el mismo, tú cambiaste radicalmente, ahora deseo que me hayas olvidado, yo a veces te recuerdo, como esas actrices que saben personificarse, que crees en sus gestos, sus ademanes, sus argumentos, su ficción, sabes que todo es mentira, pero quieres participar en la obra, sabes que la obra tiene dos actos y un epílogo, y que ahora estás escribiendo el epílogo que ya estaba narrado por alguien más, siempre he querido saber ¿quién fue el último narrador?.

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