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[retrato íntimo]

-Estoy notando tu hostilidad, hacia mí, hacia todo el mundo.

Si cada uno de los psiquiatras que me han intentado explicar mi locura y las alucinaciones, no me hubieran dicho eso, creería en realidad que estoy loco. Pero mi locura no se padece, es una locura creativa, como en las noches de ebriedad que bebo descontroladamente.

Despierto a mitad de la noche, fatigado, angustiado con una mirada discreta al surrealismo, y es que ya no es la utopía, es un sueño muy codiciado entre Buñuel y Bretón. Entre el profundo miramiento, si, soy de esos locos que no tienen nada que perder.

Sólo pierdo tiempo y vida, pero, ¿Qué sería de mí sin estas ausencias?

Escribir para lectores que nunca me leerán, para quienes no les interesa leerme, hasta que ya no pueda escribir promesas, no vivo de promisiones, vivo de valentía y peligro, de arriesgarme a escribir lo que nadie ha escrito. Lo que nadie quiere publicar pero todos quisieran decir. Eso soy yo.

Quiero perderme, cuesta abajo por la calles melancólicas de París, Viena, Roma, México, a través de la lluvia, entre la penumbra y los sueños; en las tertulias de café y vino conversando con José Agustín, Juan José Arreola, J. D. Salinger, Sylvia Plath, Ernest Hemmingway, Gerard de Nerval, y todos los poetas malditos.

Quiero perderme entre los callejones oscuros, en la irrelevante selección de los genios incomprendidos, de muerte prematura, esos que viven breve y sin brevedad no soy nadie.

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