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[fragmentos de abril]

No, no debes sonreírme, porque me doblego ante tu suprema potestad de violencia estética. Tengo la debilidad dispuesta a tu mirada, al frente de mis ojos en el delirio de mis sueños inconexos. Por que esta debilidad es tu provocación indirecta, tu violencia adictiva, envolvente y sublime, mátame cariño mío, mátame hasta que me canse de vivir herido por tus ojos y tu sonrisa maldiciente.

¿Porqué habrías de sonreírme si sabías que acabaría afligido?

Aunque tu sonrisa me agrada y me absuelve, también me quiebra en milimétricas piezas, y ese quebranto también me fascina, porque me vuelvo muchas cosas a la vez, todas esas cosas pequeñas que pueden ser insignificantes, y que reanimas y restauras con tu sonrisa venenosa, eres el mal que tanto me daña y el bien que tanto me alivia.

Por favor, no me sonrías, tú sonrisa es tan triste para mí.
Que no tengo reparo en sentir la ironía que lo más admirable y hermoso que tienes, es a la vez lo que me hace más infeliz porque no lo tengo.

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