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[autorretrato II]

Me gusta comer cacahuates japoneses, prender las luces que no estoy utilizando, abrir la ventana aunque tenga frío, leo los mismos libros que ya había leído y aprendo frases de memoria que suelo utilizar para explicar algo, la gente me mira de forma incoherente, creen que soy firmemente un loco desquiciado que quiere hacerles daño, porque hablo de forma ilógica y sin pasión, por lo que realmente me apasiona.

Otras noches, noches que me ataca el insomnio, no duermo por estar jugando videojuegos o en línea, mi cuarto, mi depa, mis cosas personales, están llenas de un toque infantil casi aborrecible porque eso atrae pensamientos pedófilos, con los que me juzgan ciegamente, pero, eso no me tiene muy preocupado, otras cosas me preocupan más, la humanidad ha llegado a preocuparme menos, y cada día me despreocupo mucho de ellos que se dicen pensantes.

Actualmente observo, como las pequeñas mentes de la juventud están tocadas por líderes que han vulnerado su precaria condición intelectual, de no saber lo que es una idea, de aprovechar la inexperiencia y la buena voluntad, porque en algo resalta esta juventud, en ser presa fácil por su desbocada pasión por querer interpretar el mundo a su manera, y no como realmente está estructurado. Aún soy joven, pero vivo como un hombre de 80 años.

Desperdicio mi vida analizando todo. Cuando me decido a actuar, ya he perdido grandiosos momentos. Y sigo preso de la misma soledad, es lo único que nunca ha cambiado. Y me gusta esta soledad, me gusta estar ausente de atenciones, de caricias, de palabras dulces, ausente de acompañamiento, me gusta pintar el retrato de mi realidad, pintar mi autorretrato una y otra vez con la misma tinta, con la misma pintura sobre diferentes lienzos. Así soy yo.

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