[maniquí vivant II]

Te conocí con mis aspiraciones de poeta maldito, cuando era un joven mancebo, violado por mi propia bisoñería, y tú, tus anhelos de escritora modernista, con muchas viejas ideas pésimas, pero mi afecto por ti, había obnubilado mi razonamiento, te idolatraba con supremacía ciega, cada acción tuya era inapelable para mí.

Contigo nunca conocí la dulzura o la terneza, no sabía que extraña y enferma afición padecía sin estimar curarme. Porque eras lo peor que yo había ganado, pero te admiraba te veneraba y te adoraba, no necesitaba adornos, contigo todo era preciso y auténtico, aunque me estuviera hundiendo emocionalmente por sobrellevar tus cuitas y las mías.


Fuimos actores de besos y zalamerías. Usando nuestra anatomía para crear armonía. Intentamos caminar sobre piras, pero nos quemamos como se quema un leño. Yo nunca encontré en mi andar tu favor o aliento, sólo era soledad que se atestaba de sexo. Todo fue un artificio de un romance que quedó inconcluso por tu mala querencia. Todo era tan falso que nos odiamos. 

Dejamos de actuar un mes de diciembre. No éramos nada, tú una figura seca y fría, acostumbrada al brillo del oropel, yo, idílico y desconocido, un amante frío a la antigua que quiso desnudar tu docilidad oculta, pero sólo eras un desnudo sin estética o sensibilidad. Absoluto vacío queriendo llenarse de mí.



Has dejado pasar el tiempo. Y tu vacío se ha profundizado.
Eres sólo un molde, una figura que amé y odié a la
vez.
 

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