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[un escritor cobarde]

Pude haberle dicho mil veces, que sólo era una juego. Pude evitarle los complejos. Pero no hice nada por mostrarle ninguna verdad. Debí declarar que no tenía conmoción alguna por mostrarse pletórica ante mí, porque mi desdén, era suficiente para desterrarla de mis ideales. 

Sentí miedo cuando la vi llena de alegría, rebosante como si fuera su único interés, y es que, siempre me ha aterrado el compromiso, siempre he hecho mal los cálculos. Los únicos cálculos positivos en mi vida, han sido los cálculos renales. A pesar del tiempo, me sigue invadiendo el mismo temor que me impidió hacer algo por su seguridad. Ese mismo temor que ahora me impide hacerlo por alguien más. 

Tengo la posibilidad de evitar el mismo error, pero también tengo el mismo miedo, soy la fragilidad en un cuerpo machista. De poder consiliar lo que su corazón intenta expresar y lo que su cerebro no puede razonar, y es que así soy yo, no me importan las otras personas, cuando descubro que yo soy parte de su vida. 

Pude haberle dicho... que sólo era un juego. 
Pero me detiene el temor y el horror de lo que puedo llegar a ser. 

Nunca te enamores de un hombre como yo, yo nunca lo hago. 

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