[la navaja de ockham]

Me hice a la idea de la espera, esperaba por largas jornadas que ella volviera y nunca lo hizo, no supe porque dejó de venir.
Estuve esperando su presencia, días, meses, hasta que llegó otro año y había envejecido, más en la espera que en mis días cotidianos.

Si fue un suicidio pensar en ella. Pero estaba muerto, no por su ausencia, es porque su presencia me hizo tanto daño.

Recordaba lo árboles adornados por flores y frutas, fue el aroma estival de Coyoacán, el último recuerdo de su traición.

Dile a Judas ¿Quién te ha enseñado a besar?

¿Qué te hizo mentir tanto?

No pretendía mendigar amor, ni conmiseración, pues tenía demasiado amor propio, nunca creí en el amor ajeno, o que en el valor personal se acrecentaba por la visión de alguna otra persona, normalmente el que es miserable sigue siendo miserable, amado pero miserable. Aprendí a no esperar nada de nadie. Es lo que me hace diferente y extraño, que no amo a las personas, amo las cosas, la materia de las cosas de la que están hechas.

Algún día esperé una despedida, ahora no espero ni un aplauso o elogio. Eso han hecho de mí. Soy producto de la vileza y de la indiferencia. Hoy y otra vez hoy, que no sabemos ni quienes somos, ni a dónde vamos, ni porque jodemos lo que amábamos tanto.

Ninguna explicación tiene sentido.

[año nuevo 2014]

No se que es peor un año más, o un año menos de vida.
Desde octubre del 2006 al 2014 casi 8 años de escribir este blog, y no se cuando vaya a terminar de hacerlo.

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