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Mostrando las entradas de marzo, 2014

[la mujer de los ojos cándidos]

Ya hace dos semanas que llegaste, te vi la primera vez en el andén de Buenavista, confundida por la multitud, pensé que tu soberbia era un encanto mágico y natural.

Sabías que has captado en mí tu atención, fue digno del reproche más elaborado, de saberte presente, pero ausente, sólo te pude ver esa vez, atenta y tan discreta, con gran timidez abordaste el tren, rumbo a Ciudad Azteca, yo me dirigía al lado contrario, eras esa mujer que recorre las casualidades en mi vida, y que hace distintos los momentos que parecen iguales, no se ni quien eras, ni siquiera sabía tu nombre, nunca podré saberlo, en esta ciudad las casualidades se transforman y se extienden como seres pululando alrededor de los sueños.

Pudiste ser esa imponderable elegía, en tan sólo unas semanas me creaste adicto al único recuerdo que reside en mí, ese tono adherido de alegría insensata, quisiera averiguar tu felicidad, pero me bastaba con esta anécdota de no saber de ti, porque mientras más me acerco a la vida de a…

[retrato íntimo]

-Estoy notando tu hostilidad, hacia mí, hacia todo el mundo.

Si cada uno de los psiquiatras que me han intentado explicar mi locura y las alucinaciones, no me hubieran dicho eso, creería en realidad que estoy loco. Pero mi locura no se padece, es una locura creativa, como en las noches de ebriedad que bebo descontroladamente.

Despierto a mitad de la noche, fatigado, angustiado con una mirada discreta al surrealismo, y es que ya no es la utopía, es un sueño muy codiciado entre Buñuel y Bretón. Entre el profundo miramiento, si, soy de esos locos que no tienen nada que perder.

Sólo pierdo tiempo y vida, pero, ¿Qué sería de mí sin estas ausencias?

Escribir para lectores que nunca me leerán, para quienes no les interesa leerme, hasta que ya no pueda escribir promesas, no vivo de promisiones, vivo de valentía y peligro, de arriesgarme a escribir lo que nadie ha escrito. Lo que nadie quiere publicar pero todos quisieran decir. Eso soy yo.

Quiero perderme, cuesta abajo por la calles melan…

[el complejo de no ser edipo, vol. 2]

Tuvo que llegar un momento para dejar de atender a las pretensiones provistas por mi madre, esas que a los quince años me reprocharon por querer ser artista, pero nunca he sido artista, no hago de la cotidianidad bellezas sublimes, escribo realidades simplemente, realidades con el mismo pesimismo con el que he crecido. Y es que tuve una infancia pésima, por eso mi edad adulta ha llegado a ser también pésima.