[eso es en esencia como me siento ante la vida]

Estoy solo. Como están los hombres que han perdido la fe y la esperanza. Absueltos de la culpa de sentirse incompletos entre la multitud. Abandonados. Inconformes. Son parias sociales, que nos deleitan los vacíos existenciales, los vacíos emocionales, las ausencias familiares. Y nos encauzamos en un arrojo destinado a verter el alcohol en ese espacio solitario. Porque los años han pasado y los daños no se han marchado.
Estoy solo. En esta soledad de mierda. De sentirse excluido, enloquecido. Como un perro aminalado.

Mi miseria se ve reducida a una frase:

“Hay un chiste muy viejo. Dos mujeres mayores están en un complejo hotelero en las montañas Catskills. Una de ellas dice: ‘la comida en este restaurante es terrible’. La otra contesta: ‘sí, lo sé. Y en porciones muy pequeñas’. Bueno, eso es en esencia como me siento ante la vida. Llena de miseria, soledad, sufrimiento e infelicidad; y se acaba demasiado rápido.”
– Annie Hall (1977)

Un frase y así se acaba mi definición. Se acaba demasiado rápido.

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