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[rapsodia: ojos marrones]

Se estaba transformando en un manantial de dicha, era de esas chicas que tienen ojos marrones y cabello castaño, como otoños acumulados.


Yo no sé si sea cierto. Pero puedo decir que sus ojos producían en mí, una volátil inestabilidad. Y no quiero crear confusiones, porque su inestabilidad era temporal, llegaba a manifestarse en sus ausencias y durante su presencia, es como si fueran vaivenes de estados de ánimo y tempestades y estaciones del año a su llegada y durante su partida.

Sus ojos. ¿Qué han hecho de mí? Que parecen pertenecerme, cuando no tengo injerencia en ellos.

Y siempre los busco con mis letras, con mis audios, con las lecturas con las que deseo alimentarla. Inconscientemente mis párpados la buscan. Aunque estoy creyendo que sus ojos son demasiado huraños para ceder a mi compañía.

Había que tener mucha valentía para acercarse a sus ojos que siempre están emergiendo en constante rebeldía con el mundo, había que atender su mirada con inteligencia precisa, entender su soberanía radical y beligerante. 

Hay que contemplar sus ojos marrones en estado puro. Como si fuera ámbar, corrosiva y delicada, con la complejidad de sus retinas queriendo explicar el resto de los tonos cobrizos. 

Pretendo hacer de ella una contemplación inmortal y absoluta. 

Que se expongan sus párpados a la adulación incesante de mi narrativa, que mi prosa impersonal se acerque un poco más a ella, y su perspicacia aguda y selecta combinen la dialéctica y la estética que pretendo ponderar en mi rapsodia, y al final, todo converge entre sus ojos marrones. 
Yo también pertenezco a sus párpados.

Para: Alejandra Ortiz Moreno
@shipmo



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