[ella y todas las cosas]


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Su mirada es dulzor para cada una de mis cuitas.
Su vigor me fortalece y atempera mi ímpetu.
Su corazón virtuoso y armónico, intrépido y audaz 

en oposición a su razonamiento y su emoción.
Su mente es erudición y circunspección.

Ella es la apología del arte y el ingenio,
 una proporción simétrica de ciencia, medicina y filosofía.
Ella es benevolencia y complacencia.
Es inteligente con su pericia sabia y dominante.

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Su acento pomposo y erudito desafía mi juicio.
Su presencia es imperativa y dulcificante.
Ella y su sonrisa natural, flagrante detrás de las luces de neón.

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Ella es pulcritud, delicadeza y una dosis de elegancia.
Su ánimo es una habitual manía con la que simpatizo.
Su simpatía es una brutal alegría que gobierna soberanamente.
Su candor seduce con cauto apego.
Su lenguaje es trova y blues.
Ella fraterniza con la soltura de un buen lenguaje.
Para conversarle es más importante el predicado, que verbos combinados.
A ella no le importa el sujeto.

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Ella prefiere las palabras y la esencia.
No le gustan los pronombres, ni los posesivos.
Ella peina su cabello.
Queriendo ordenar sus ideas multiplicadas.
Ella es persistente, tenaz, insistente.
Ella es el secreto de la alquimia.
Su felicidad son dosis pequeñas de cosas simples.

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Cada mañana sustenta su existir.
Festiva y gloriosa existencia de ser el comedimiento.
 Ella, sinónimo de templanza, cordura, diligencia, conservación, una mezcla oportuna de encomio, de culto y sabiduría.

Ella y todas las cosas.

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