[mi vida con ella]

Cada vez que hablas conmigo remueves las emociones que aún persisten en mí.


Pero recuerdo que soy un desastre emocional.
Voy a desalojar tus sentimientos, te voy a desproteger anímicamente, y te dejaré indefensa, cansada y hastiada de tu vida. Que sentirás una repentina necesidad de mi abrigo.


Mis brazos no te confortarán, ni mis palabras te darán hospedaje, tendré mis labios en la inopia y mendigaré lo que te haga falta, para que estés siempre a la expectativa de dármelo, sin que te agradezca o te haga sentir amada.

Bastará mi necesidad en la medida que mis menesteres también sean los tuyos, dejarás de mirarte proporcionadamente y simétrica, estarás dispuesta a cumplir mis caprichos por dejar los tuyos.

Vas a mendigar mi cariño, y yo te mostraré que esa clase de afectos son irracionales e instintos que obnubilan el pensamiento, si, vas a estar frustrada, decepcionada, serás cubierta por llanto, yo siendo indolente, mataré lo último agradable de ti con mi indiferencia brutal.

Amarás mi razonamiento, por el mismo motivo que vas a odiarlo después. Todo lo que te pareció interesante, misterioso y provocativo al principio, terminará siendo odioso y grotesco, y yo seré la última  provocación, el último estallido, el salvajismo, la violencia, esa miserable ficción que atormentará tu realidad. 

Y así será durante el resto de tu vida. Principalmente, por que durante los primeros tres meses que transcurra nuestro cortejo te elevaré hasta la cumbre más alta de la admiración y precipitadamente, derrumbaré todo tu mundo fantástico y hermoso. 

Quedarás sola en la cumbre de mi idealismo poético. Será un mundo frío y desolado y no hallarás ni un ápice de auxilio, morirás moral y mentalmente para mí, poco a poco, con la lentitud de una sentencia a muerte inapelable. Eso será tu vida a mi lado. Y no podrás hacer nada por cambiarlo, y yo no podré hacerlo mejor, pero lo que es más terrible, es que si puedo hacerlo aún peor. 

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