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[crónicas urbanas I]

De jóvenes huimos de esta ciudad y siendo viejos volvemos a esta misma ciudad pútrida. ¿Que nos hace alejarnos? Y nos vuelve a reunir en las calles, sobre el pavimento lleno de cigarrillos inacabados, en botellas quebradas por alguna furia, en ese olor de invierno que cubre nuestra fragancia seductora a las mujeres jóvenes. Entonces pasan los años, y quieres volver a huir, pensando que eres un viajero y sólo eres un cobarde.

Sales a la calle bajo la tempestad húmeda. Cubriendo tu rostro, vistes la tristeza y esperas que ella te desnude con su alegría. Pero ella subsiste con la misma desesperación que habita en ti, de repente ella, a quien llamas de muchas maneras se convierte en tu único alivio, tu destino, tu catarsis, tu moralidad inquebrantable, y no puedes huir sin ella, así que decides escapar con ella pero aunque cambies de ciudad; la tristeza siempre es la misma.

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