[crónicas urbanas II]

Todas las calles son caminos salvajes, donde perdura la codicia o la avaricia, en esta selva de asfalto que construye nuestros sueños y se destruyen ilusiones. ¿Quiénes somos que estamos muertos en vida? ¿Qué hacemos que morimos acomplejados? 

Nuestra ciudad es un gran burdel. Sólo somos ciudadanos de ningún lugar buscando el mejor púbis, las mejores piernas, el mejor sexo para calmar nuestro instinto y elevar el vacío interno. Y todos buscando lo mismo, todos encontrando algo que no esperan pero se conforman con lo poco que obtienen porque en la penuria cualquier cosa es riqueza. 

Hurgas de un cuerpo en otro como buscándote, como buscando sobre la piel ajena algo que te pertenezca, sólo es piel. En esta ciudad nada te pertenece. Todo es ajeno. Todo es inmoral. Todo es absurdo. 

Prefieres estar en esta puta ciudad. 
Entre el alcohol, las drogas y el sexo como mercancía. 
Otra noche en la misma ciudad de mierda. 
Esperando que al amanecer dejes el instinto.
Todo esto es una mierda.

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