Ir al contenido principal

[crónicas urbanas III]

Estás tan solo en la ciudad que recuerdas todas las veces que te has sentido acompañado por alguien. En tu memoria se revuelven los recuerdos promisorios de aquella mujer de tez morena, delgada y pequeñísima, que se aferraba a tus ojos como magnéticas pupilas.

De aquella señora que tendría más de cuarenta, con su vestido entallado al cuerpo, siempre estaba sonriendo y tú sonreías como contagiado por esa sonrisa, recuerdas que se desnudó frente a ti, y a pesar del frío en el exterior y de la inclemencia de su labor, no descartaba la sonrisa, sus senos redondos y suaves frente a ti, se movían acompasadamente. Ella se arrojó precipitadamente al colchón de la cama cubierta por sábanas blancas con olor a cloro. Esa vez te sentiste tan cómodo y cálido que sentiste la necesidad de pagar el doble del precio pactado. Hasta soñaste con ella, su vestido rojo, su sonrisa inmutable.

¿Recuerdas aquella pequeña persona que siempre te acompañó a pesar de tus sentimientos confusos? Aunque la mayoría de las personas que hoy recuerdas ya no están contigo, por tu indiferencia, insensibilidad y tu lejanía emocional.
¿Recuerdas aquella que dejó de dolerte después de cinco años? Desde el año 2002. Cuatro años después iniciaste este blog, y seguías dedicando tus letras a ella, pero nunca más volvió a leerte. ¿Porqué estás tan solo? No hay nada en la ciudad podrida que pueda hacerte sentir vivo de nuevo.


La ciudad tiene lugares tan complejos, tantos sentimientos, la ciudad está muerta.

Comentarios

Followers