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Mostrando las entradas de marzo, 2015

[la raza de hierro o la infamia de la juventud]

Las generaciones de hombres pueden dividirse en edades o razas.
La primera edad fue la raza de oro. Fueron los primeros hombres, a partir del que creara Prometeo. Vivían si preocupaciones, sin trabajar, sin fatigas ni miserias, sin vejez ni miedo a la muerte.

La segunda edad fue la raza de plata. En esta edad, surgen las estaciones, el hombre conoce el frío y el calor, y debe de trabajar para poder alimentarse.

La tercera edad fue la raza de cobre. Esta edad fue más salvaje, en la que la lucha se vuelve costumbre y las diferencias se arreglan a golpes.

La cuarta edad fue una segunda parte de la raza de cobre, y fue la raza de héroes, en la que los hombres eran mas nobles y generosos, pues los dioses los engendraron en mujeres mortales, y era semidioses. Lucharon gloriosamente y al morir, sus espíritus habitaron los campos Eliseos.

La quinta y última corresponde a la raza actual, la raza de hierro y es la peor. Las guerras estallan incesantemente, se violan los derechos y el hombre es …

[yo, el hombre de hojalata II]

Cuando un hombre es una tetera vacía, debería estar con ánimo;
y sin embargo estoy destrozado…
Simplemente porque intuyo que podría ser algo parecido a un humano,
si simplemente tuviera un corazón…”
El Hombre de Hojalata


El hombre de hojalata del cuento de Lyman Frank Baum "El Mago de Oz", ha sido mi arquetipo, como lo define carl Jung en su psicología emocional, un modelo o una idea en tendiente evolución. ¿porqué es mi arquetipo perfecto? En el caso del cuerpo emocional, nos encontramos con una emocionalidad oxidada, rigidez en cuanto a la aceptación de sentimientos e ideas propias y ajenas, frustraciones, incapacidad para vibrar y sentir, emocionarse y querer, tener empatía y ser asertivo.


Este personaje tiene mucha vinculación con una parte de mí, esa parte lógica y razonable, de cómo me siento, y como reacciono ante la vida, los objetos y las emociones ajenas, personalmente, mi tarea ha sido intentar comprender el mundo en el que habito, pues nunca he querido ser compla…