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Mostrando las entradas de mayo, 2015

[confesión de un adicto al texto]

Mi adicción fue como cualquier mal hábito de un drogadicto.

La primera vez que escribí fue un golpe fulminante de energía. Justo como la ráfaga que produce la cocaína.
Y esa misma necesidad me mantenía escribiendo, como un drogadicto se mantiene en muerte lenta y dolorosa bajo el influjo de sus enervantes.
Pero escribir, también me acercó a los peores vicios.
Literatura.
Mujeres.
Alcohol.
Sexo.
Vino.
Malos hábitos.

Nunca he podido aprender a fumar.
Y tal vez nunca lo haga. Porque detesto esos clichés de arquetipos de escritores.

En realidad, yo soy así por coincidencia.


[rapsodia: ojos marrones]

Se estaba transformando en un manantial de dicha, era de esas chicas que tienen ojos marrones y cabello castaño, como otoños acumulados.
Y dicen de los ojos marrones: que producen mayor confianza que los ojos claros.
Yo no sé si sea cierto. Pero puedo decir que sus ojos producían en mí, una volátil inestabilidad. Y no quiero crear confusiones, porque su inestabilidad era temporal, llegaba a manifestarse en sus ausencias y durante su presencia, es como si fueran vaivenes de estados de ánimo y tempestades y estaciones del año a su llegada y durante su partida.
Sus ojos. ¿Qué han hecho de mí? Que parecen pertenecerme, cuando no tengo injerencia en ellos.
Y siempre los busco con mis letras, con mis audios, con las lecturas con las que deseo alimentarla. Inconscientemente mis párpados la buscan. Aunque estoy creyendo que sus ojos son demasiado huraños para ceder a mi compañía.
Había que tener mucha valentía para acercarse a sus ojos que siempre están emergiendo en constante rebeldía con el …

[ella]

Ella estimulaba mis sentidos con su canto armonioso.
Ella destruía mis soledades acumuladas con el encuentro de sus pupilas en las mías.
Ella era luz y calor en mis soledades gélidas.
Ella deleitaba mi tacto con su unión de mi piel a su piel.
Ella y su anatomía era la arquitectura perfecta que se cubría con mi cuerpo.
Ella siempre fue miel.
Ella era la materia prima de mis sueños.
Ella que siempre recogió los desechos de mis fracasos.
Ella que fue el humo de mis hogueras.
Ella era simple y mortal.
Ella estaba tan sola y tan loca.
Ella que ofrendó con sus besos mi boca estéril.
Ella incomprendida y deseada.
Ella era feliz y falaz.
Ella fue la mujer y la musa.
Ella estaba en cada uno de mis sentidos.
Ella fue desterrada.
Ella para mí, siempre fue una mentira.
Ella soberana de nada.
Ella adicta a lo que yo no pude ser.
Ella libre y atada.
Ella hermosa para la vida.
Ella completamente loca, triste, engañada y solitaria.
Ella terminó tan herida y tan dañada.

Que nunca ha vuelto a vivir.

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