[princesa de Uxmal]

Pues sólo quiero decirte adiós después de un año de ausencia, ahora que vuelves como si no hubiera culpa entre nosotros, es cierto que no hay rencores tampoco, pero sabemos que elegiste por tu impulso, sé también que te cansó mi análisis. Yo hubiera dado una porción de mi vida por tu felicidad, pero tampoco quería hundirme en mi propia infelicidad por lograr tu catársis. Estuve cansado de malas decisiones, de malas elecciones de torpes romances que sólo me conminaron a la desdicha, ¿porqué debía ser infeliz por alguien más? Fui un hombre caprichoso. Fuiste tú también mujer caprichosa. Ninguno de nosotros logramos acabar con nuestros vicios, mutuamente alimentamos los malos hábitos, y en el momento de tu ausencia volví a regenerarme de todo aquello que perdí contigo, torpemente, estúpidamente con una esperanza ingrata de ser tú y yo. Hubo mucha expectativa, nada sucedió, nada sucedería. Adiós, buenas noches. 

[la rebelión de columba]

Siempre fue grácil un ostentoso cúmulo de virtudes, era blanca como la flor de invierno, comparada con ternura, dulzura y un viso de inocencia por sus tonos albos y límpidos. Sus ojos que eran atractivos por su estabilidad, atraían más que por lo colorido de sus pupilas y sus pupilas siempre fueron mías.

Me pertenecían.

Quería adueñarme de su estabilidad.

Tenía la dureza enérgica de los trazos violentos para dibujarla perfectamente.

Es un ave portentosa y gloriosa a quien quise adular con mi inestabilidad poética y hermosa, pero toda mi poesía siempre ha sido violenta en relación con su blandura. En su ausencia le escribo miles de versos que leo a su regreso. Ella vuela sólo impulsada por su independencia, libertad y belleza plumífera.

Siempre quise definirla, pero definirla sería cautivar su primoroso linaje.

Y me gusta que sea rebelde, porque amo su rebeldía, la sublevación de sus ojos. Porque su insurrección ha provocado mi flaqueza donde antes había vigorosa entereza.

Su vehemencia ha enervado el riguroso temple de mi valor.

Su brevedad alarga mi desdicha.

Pero ella que es rebelde y en su revolución disputa su partida;
Su distanciamiento me hará infeliz, desdichado y miserable.

Pero ella aún con su rebeldía y la subversión de su mirada pugna por existir;
Su permanencia me hará cobarde, me habré rendido, me habrá domeñado.

A pesar de todo me gusta su rebelión. Esa rebelión que también me hace insurgente cada vez que la miro. Aunque sólo venga temporalmente.

Y con sus pupilas provoque la oposición de mi obediencia y su desafío.

[Carta a... (musa helénica)]

Querida y admirada Diana:


Constantemente haces brillar mi empatía, creas en mí confianza, un círculo perfecto de hábitos y virtudes. Pero esta carta no voy a describirme, porque yo me conozco (aparentemente) y contradiciendo a Hemingway, hoy voy a escribir de lo que menos conozco, que eres tú.
Un poco te conozco, porque tú tienes una parte de mí.
Y yo tengo una parte de ti.

Siempre te leí, admirado por tu retórica, por tu profunda filosofía de la vida y las emociones internas, por tu conocimiento de la vida, te admiré hasta el grado de querer ser como tú, o al menos compararme positivamente contigo, pero siempre me has superado en ingenio e inteligencia, en disciplina, en lenguaje y en cultura. Sólo te supero en años, pero a mis años podrás ser tu mejor versión de ti misma, como a tus años yo quise serlo de mí mismo. Te admiré hasta el principio de la obsesión, de imitar tu escritura y los colores que utilizabas, que tú sabes a lo que me refiero y aunque nunca pude hacerlo, pero eso me hizo acercarme un poco más a ti, cuando en ese entonces apenas nos leíamos, apenas nos escribíamos, yo padecí el miedo de mi ignorancia al escribirte por primera vez, que yo no fuera tan inteligente para captar tu atención con mi comentario, tú tienes sobrada inteligencia y esa inteligencia en ti es fascinante, admirable, encantadora y precisa, eres la manifestación real de las musas helénicas.

A cuantas personas has inspirado a seguir adelante sin mirar atrás, a perseverar en lo que se desea aunque ese deseo parezca imposible o crean haber fallado, porque yo soy producto de esa inspiración de avanzar mentalmente como tú lo haces. Así creo que un acto de justicia es que yo te inspire y motive a lograr esa meta por la que has estado entre desvelos las semanas anteriores, aunque sólo tengo inspiración poética para ti aquí entre mis letras.

Te comencé a leer cuando éramos jóvenes y soñadores. Admirado, casi fascinado por tu encanto radiante. Y admito que cedí hipnotizado por tus letras, fui como un navegante hechizado por los cantos de las sirenas en altamar. Así fui seducido por tu inteligencia, por tu habilidad de escribir con magistral pericia, ha sido siempre elegancia. Un cúmulo de sabiduría fluyendo constantemente, tú has sido ese manantial de vida que emerge, que brilla, que se manifiesta en dosis de peligrosa adicción. Muchos años después, regresé al punto donde te encontré por primera vez, yo absorbido por el insomnio y el bloqueo creativo, pero solamente descubrí ausencia, un vacío desalentador. Yo te buscaba ahí, te idolatraba, te admiraba, te vislumbraba como la única musa helénica del pensamiento, de la sabiduría, de la emotividad, de la creación e inteligencia. En tu ausencia me sentí desamparado. Quería leerte como esa necesidad recurrente cada día cuando recibo de ti unos "buenos días", al menos en mí, dejaste una huella con tu escritura, con tus anécdotas inteligentes y duras; pero encontraba emotividad y una sinceridad razonada, fue decepcionante y amargo no volver a leerte.

Posteriormente pude suplir tu ausencia. En realidad nunca te fuiste. Estuviste confrontando tu realidad y mi idealismo. Ambos siguen en pugna, porque de aquella profundidad y esencia específica que admiraba, hoy me ha resultado con el paso de las semanas en un realismo mágico, como si fueras la heroína de una novela, podría crear de ti, un personaje para mi novela, pero serías protagonista uno de los mejores personajes femeninos que daría mi literatura. Porque siempre estás aprendiendo todo, disciplinada, siempre estás sonriendo como si nada en ti se derrumbara, (es fortaleza), y tus ojos siempre irradian luz, por eso me hipnotizan, aunque sólo los imagino que son ellos los que contienen toda tu información cultural, pues por ellos han pasado los mejores textos, las mejores vivencias y anécdotas, para no distraerme, como lo hago con facilidad, algo en tus palabras me mantiene a la expectativa en el misterio de aquella admirada musa helénica, sin que decayera el idealismo de mis ojos frente a tus letras, yo adopté tus letras como enseñanza, como estructura de la belleza destilada, como himno a la inteligencia poética. Es por eso que tu realidad es siempre mejor que mi ficción. Porque tú existes aunque no escribas, sigues existiendo aunque no leas o no te lea, simplemente existes, tú que sabes demasiado sobre filosofía y la vida misma, yo pretendo con mi ficción y mi narrativa comprenderte, comprender que hay en tus ojos llenos de vida, que siempre están contando historias, que siempre están captando belleza, que te nutren, que te motivan, que saben que mirar para que seas aún más brillante, eso te hace protagonista.

Existen sobrados elogios que para ti resultan muy simbólicos más que una rima apologética personal e íntima sobre ti, tú lindeza radica primeramente en tu inteligencia y la persistencia, tienes rumbo en tu vida. Al declararte mi admiración, al exaltar tu inteligencia que no es accesoria de tu estética, ambas se complementan y se conjugan en una misma esencia. Mi limitado vocabulario no me permite expresar todo lo que descifro en tu ser, absoluto y radical, porque eres revolucionaria y radical, en el sentido filosófico, cuantas veces te pudieron haber insinuado locura, pero las personas que también llamaron locas, fue porque desafiaron a la vida, a la autoridad, a sí mismas, y tú lo haces cada día, constantemente te desafías, te retas y te envuelves en tu objetivo predilecto de ser mejor, aunque con todas las actividades y tu persistencia, para mí ya eres mejor.

La mejor simbología, es aquella contenida en la canción "Cornflake Girl" incluida en el disco "Under Pink" de 1994 de Tori Amos. Y aunque es una canción de protesta, de lucha y desafiante, tiene su lado poético y estético. Constituye un himno a la mujer culta y crítica, establece una irónica metáfora entre dos tipos de mujeres, "las chicas cereal (cornflake girl)" y "Las chicas pasa de uva (raisin girl)" éstas últimas son las mujeres multiculturales, independientes, rebeldes, y las primeras, que son mujeres consevadoras, conformistas, sumisas, y por cada "cornflake girl" en una caja hay un montón, y sólo unas cuantas chicas pasa. Ahí está todo tu simbolismo incluido, por eso esa es tu canción y siempre lo será, porque para mí, tú eres una "raisin girl" - Independiente, multicultural y rebelde. Y tu rebeldía no es contrariar todo lo establecido, tu rebeldía es mostrarte, sin máscaras, sin filtros, desafiar a la mentira, a la hipocresía, a la gente, desafía a esas chicas cereal porque tú eres lo más admirable que he conocido. Y también lo más querido.

Ojalá tuviera un lenguaje más culto y más interesante, no hubiera querido improvisar tanto en esta carta para ti. Pero no quiero que te sientas incomodada o exhibida, sólo ejerzo mi narrativa que nunca será tan perfecta o emotiva, pero esta imperfección es lo que la hace más humana y más íntima, también un poco más cercana a ti. Quería convertir tus palabras más recientes en un himno de esperanza, gallardía, un símbolo valeroso. Así como tus palabras transforman mi abatimiento, mi desesperación, mi autocrítica, mi incertidumbre en energía positiva y en constante movimiento desde el interior, así quiero transformar un poco tus breves y pequeños instantes que olvidas tu inmortalidad y recordarte...

Ya habrá quien te recuerde que eres inmortal.




Musa, tu noble y visible música en mí, relata la humana historia.
Homero.

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