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Mostrando las entradas de diciembre, 2015

[feliz daño nuevo]

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Hoy no hay recuento de los daños, o de los años.
  Sustituyo por esta foto antigua de Borges y su gato.

[Eres más que un nombre]

Mi respuesta @shipmo eres más que un nombre :* pic.twitter.com/fr5izAxD1f— Prince W. Cantodea© (@letras_profanas) noviembre 27, 2015

[crónicas urbanas III]

Estás tan solo en la ciudad que recuerdas todas las veces que te has sentido acompañado por alguien. En tu memoria se revuelven los recuerdos promisorios de aquella mujer de tez morena, delgada y pequeñísima, que se aferraba a tus ojos como magnéticas pupilas.

De aquella señora que tendría más de cuarenta, con su vestido entallado al cuerpo, siempre estaba sonriendo y tú sonreías como contagiado por esa sonrisa, recuerdas que se desnudó frente a ti, y a pesar del frío en el exterior y de la inclemencia de su labor, no descartaba la sonrisa, sus senos redondos y suaves frente a ti, se movían acompasadamente. Ella se arrojó precipitadamente al colchón de la cama cubierta por sábanas blancas con olor a cloro. Esa vez te sentiste tan cómodo y cálido que sentiste la necesidad de pagar el doble del precio pactado. Hasta soñaste con ella, su vestido rojo, su sonrisa inmutable.

¿Recuerdas aquella pequeña persona que siempre te acompañó a pesar de tus sentimientos confusos? Aunque la mayoría…

[crónicas urbanas II]

Todas las calles son caminos salvajes, donde perdura la codicia o la avaricia, en esta selva de asfalto que construye nuestros sueños y se destruyen ilusiones. ¿Quiénes somos que estamos muertos en vida? ¿Qué hacemos que morimos acomplejados? 

Nuestra ciudad es un gran burdel. Sólo somos ciudadanos de ningún lugar buscando el mejor púbis, las mejores piernas, el mejor sexo para calmar nuestro instinto y elevar el vacío interno. Y todos buscando lo mismo, todos encontrando algo que no esperan pero se conforman con lo poco que obtienen porque en la penuria cualquier cosa es riqueza. 

Hurgas de un cuerpo en otro como buscándote, como buscando sobre la piel ajena algo que te pertenezca, sólo es piel. En esta ciudad nada te pertenece. Todo es ajeno. Todo es inmoral. Todo es absurdo. 

Prefieres estar en esta puta ciudad. 
Entre el alcohol, las drogas y el sexo como mercancía. 
Otra noche en la misma ciudad de mierda. 
Esperando que al amanecer dejes el instinto.
Todo esto es una mierda.

[crónicas urbanas I]

De jóvenes huímos de esta ciudad y siendo viejos volvemos a esta misma ciudad pútrida. ¿Que nos hace alejarnos? Y nos vuelve a reunir en las calles, sobre el pavimento lleno de cigarrillos inacabados, en botellas quebradas por alguna furia, en ese olor de invierno que cubre nuestra fragancia seductora a las mujeres jóvenes. Entonces pasan los años, y quieres volver a huir, pensando que eres un viajero y sólo eres un cobarde.

Sales a la calle bajo la tempestad húmeda. Cubriendo tu rostro, vistes la tristeza y esperas que ella te desnude con su alegría. Pero ella subsiste con la misma desesperación que habita en ti, de repente ella, a quien llamas de muchas maneras se convierte en tu único alivio, tu destino, tu catársis, tu moralidad inquebrantable, y no puedes huir sin ella, así que decides escapar con ella pero aunque cambies de ciudad; la tristeza siempre es la misma.